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Doce pasos para seducir a mi hijo
Fecha: 24/09/2020, Categorías: Dominación / BDSM Autor: tranque, Fuente: CuentoRelatos
Hola soy Mariela tengo 34 años y un sólo hijo de 18, se llama Fernando. Les voy a contar el cómo y porque caí en esta tentación. Vivíamos en un apartamento de grandes dimensiones que nos dejó mi pareja después de separarnos, él era un empresario reconocido y mayor que yo, nunca llegamos a casarnos, yo era muy joven y quedé embarazada, él estaba casado y sigue casado. Vivimos por un tiempo a las escondidas hasta que me cansé y decidí separarme, él al principio no quería, pero llegamos a un acuerdo, nos mantendría económicamente a mí y nuestro hijo. Pasaron los años y teníamos una vida normal, bueno, yo pendiente de los movimientos de mi hijo, tal vez un poco sobreprotectora, pero nada fuera de lo común. Pasaba mucho tiempo sola en casa, desde los 25 años me hice fanática del ejercicio físico, me mantenía en forma y esto era muy visible. Una de las habitaciones de nuestro apartamento lo tenía acondicionado para tal fin, empezaba con los ejercicios a la mañana cuando Fernando se iba al colegio y terminaba a eso del mediodía. Era un desahogo que me hacía olvidar de mi soledad. Mi cuerpo era espectacular, por lo menos eso me decían mis amigas, tal vez tenían razón. Yo media 1,70, tenía una cola muy linda y las tetas no muy grandes pero firmes. No tenía intenciones de encontrar un hombre, no era que no lo necesitaba, creo que encontraba satisfacción en las diversas formas en que me masturbaba. Era otra de mis rutinas, empezaba al mismo tiempo que la ...
... gimnasia. Después de un tiempo veía cambios en mi hijo, por la forma en que me miraba, pero no le daba mucha importancia o tal vez yo lo empezaba a ver como un hombre. De a poco mis maratones masturbatorios lo comenzaban a incluir, al principio hacia un esfuerzo por alejar esos pensamientos de mi cabeza, pero mi imaginación era más fuerte. Cuando lo saludaba a la mañana para despedirlo para ir al colegio, lo abrazaba como siempre, pero no me daba cuenta que efecto podría tener el apoyar mis tetas en forma inocente, sin considerar que sentiría él. Yo lo despedía con una playera larga que usaba para dormir, no llevaba sujetador, siempre llevaba puesta una tanga normal. No me daba cuenta que mis pezones tenían la dureza suficiente para hacerse notar en mis abrazos. Un día y como todos los días comenzaba con la rutina del saludo y el abrazo, al sepáralo lo noto muy acalorado, apartaba la vista de mi mirada casi con vergüenza. En ese momento sentí que estaba provocando cierta excitación en mi hijo. Desde ese momento no podía dejar de pensar en mi hijo cuando me masturbaba, no quiero aburrirlos con mi imaginación, pero era muy creativa y en todos los niveles, me agotaba más que la rutina con los aparatos de gimnasia. Todos los días para hacer gimnasia me vestía con un conjunto deportivo, aunque estaba sola en la casa, pero era una costumbre. Al principio primero hacia mi rutina y después me duchaba, y ese era el momento en que me masturbaba, algo normal para cualquier mujer. Luego ...