1. Rosita ... mi sueño II


    Fecha: 31/12/2020, Categorías: Sexo con Maduras Autor: misterio57, Fuente: RelatosEróticos

    Habían pasado un pocos años desde aquella maravillosa ocasión cuando por razones de estudio debí hospedarme en su hogar,
    
    No era primera vez que me quedaba a dormir en su casa, la que compartía junto a su nueva pareja, con quien llevaba aproximadamente tres años, en algunas oportunidades la había escuchado gemir cuando mantenía relaciones, era algo que me calentaba a lo sumo y me hacia recordar mi gran oportunidad con ella, lo que mantenía profundamente grabado en mi.
    
    Un viernes, al llegara su casa, me la encuentro sola, lo que no era habitual, en pocas palabras me indicó que estaba con la hija menor de su pareja y que el resto se había marchado fuera de la ciudad, a un funeral. La notaba algo lejana..preocupada, o tal vez se sentía sola, con el fin de alegrarla le sugerí una cena al a la luz de las velas, lo que aceptó muy alegre. Fue asi como luego de cenar, la bebita se fue a dormir, al poco rato Rosita regresó donde me había dejado, aún la velas encendidas, le acerqué un trago el que aceptó gustosa y comenzamos a charlar. Todo se fue haciendo ameno, la radio emitió una música suave, instando a un baile suave, le tomé de la mano invitándola a seguirme, la lleve a las penumbras de la habitación. Debo señalar que se había vestido especial para el momento, un vestido negro. ajustado que le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas, se notaban sus senos medianos y erguidos; su fina cintura y su espectacular cadera; un trasero levantado sin ser exuberante, pero ...
    ... apetitoso; llevaba a demás, una medias negras que permitían disfrutar de las curvas de sus piernas, bien torneadas, largas.. y muslos deliciosos.
    
    Sus manos se entrelazaron tras mi nuca; las mías se posaron sobre esas deliciosas caderas; ella se apretó sobre mi cuerpo, podía sentir sus senos golpeando mi pecho; mis muslos se rosaban discreta y suavemente a los suyos en cada movimiento y paso que la música nos instaba dar. El instinto junto al recuerdo maravilloso de la primera y única vez con ella, más sus gemidos al hacer el amor, hicieron que posara suavemente un besos entre sus lóbulo y el cuello, cómo respuesta un suave gemido y una caricia suave y firme en mi nuca. Mis labios bajaron por aquel cuello blanco, suave, apoderándose de su hombro mientras mis manos acariciaban sus nalgas sobre su vestido; poco a poco le iba subiendo esa prenda que tanto me excitaba, por fin mis manos se metieron bajo su calón, ella sólo gemía, se dejaba acariciar, besar. Me percaté que usaba medias y portaligas, lo que calentó más al sentir su piel desnuda entre la media y su calzón, la torcí suavemente pudiendo acariciar sus sexo con suavidad, notándolo húmedo; me instalé detrás de ella apoyando mi paquete descaradamente en su trasero y sensualmente la fui apuntalando, dirigiéndola, hasta la mesa del comedor donde momentos antes nos habíamos servido la cena, era más que obvio que había llegado el momento del postre. Estábamos en penumbras, distante la luz de una vela alumbraba el recinto… hice ...
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