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Lara, una chica muy obediente (8)
Fecha: 08/02/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... a su provincia. Eso significaba que ya no las vería, que sería el final de su sometimiento a ellas. Esa toma de conciencia la sumió en una especie de vacío doloroso. Sabía que ya no podría vivir en libertad, sin someterse a una voluntad ajena que reemplazara a la suya, de la cual sus Amas la habían despojado por completo. Lara supo en ese momento que no podría nunca más llevar la vida de una chica común y corriente. “Soy una esclava y quiero vivir como una esclava.” –se dijo y experimentó una suerte de orfandad ante la idea de que a fin de año ya no tendría a sus dueñas. A punto de terminar su desayuno y mientras se encontraba sumida en la tristeza escuchó a la celadora, a la que no había visto llegar y estaba de pie junto a ella: -Hola, perrita. Hoy me levanté con ganas de tenerte. –le dijo la matrona sin preámbulos. Lara se estremeció con tal intensidad que, a punto de llevarse la taza a la boca, estuvo a punto derramar el resto del café con leche. Traqó saliva dificultosamente y temió que aparecieran sus Amas sorprendiéndola en tan embarazoza situación. La sola presencia de la celadora la había excitado, pero debía ponerle punto final a ese acoso, tal cual se lo habían ordenado Eva y Juani. -No, señora Sara… -dijo en un murmullo, como si le costara decirlo. -¿Qué has dicho? –preguntó la matrona con un tono que mezclaba asombro y enojo. -Que no… -insistió Lara. –Que el otro día perdí la cabeza y estuvo bueno, pero no quiero convertirme en lesbiana. ...
... –completó con la mayor firmeza de que fue capaz. Sara hizo silencio un momento y por fin le dijo mordiendo las palabras, con furia contenida: -Jamás te voy a perdonar este desaire después de lo del otro día y óyeme bien, puta: que no te sorprenda yo en una falta porque entonces tendré la oportunidad y el placer de despellejarte el culo a varillazos, que es lo que quisiera hacerte en este mismo momento. –Y sin más se alejó dejando a la niña sumida en sensaciones intensas y contradictoras. Había obedecido a sus Amas, había actuado como una buena esclava, pero a la vez no podía ocultarse a sí misma la frustración que le provocaba no haber podido entregarse nuevamente a la celadora. Aún quedaba café con leche en la taza y un poco del croissant, pero había perdido por completo el apetito y decidió regresar a la habitación, donde encontró a Eva y a Juani. -¿Dónde estabas? –le preguntó la rubia. -En el comedor, señorita Eva, desayunando. –contestó. -¿Qué te pasa? –intervino Juani. -Nada… na… nada, señorita Juani. –dijo y quiso ir al baño para evadirse de la situación que empezaba a plantearse, pero la morena se lo impidió tomándola de un brazo. -Tú no vas a ningún lado. Venga, suelta el rollo, habla. -Sí. –se sumó Eva. –Algo te pasa, perrita. ¡Tienes una cara!, vamos, cuéntanos. ¿O prefieres que te soltemos la lengua a cintarazos? -No, señorita Eva, no me peguen, es que… es que me resulta difícil decirlo… Juani perdió la paciencia y sin soltarle el ...