1. Polvo a primera vista


    Fecha: 15/02/2021, Categorías: Incesto Autor: Labrys, Fuente: CuentoRelatos

    En cuanto la vi, no puede apartar mi mirada de ella.
    
    No es que fuese especialmente guapa, pero tenía un algo que me atraía enormemente. Medía alrededor de 1,70 y seguramente le sobraban un par de kilitos, que por fortuna la dotaban de una magnífica delantera que a mí se me antojaba de lo más apetecible, especialmente cuando se movía al compás de la música (libre de las trabas del sujetador como comprobé más tarde).
    
    Era morena, llevaba el pelo a la altura de los hombros, ojos color miel y cara redonda aderezada con algo de maquillaje. Lo más sobresaliente eran sus labios, anchos y apetitosos, pintados de un rojo intenso. Sus mofletes y sus hombros, visibles gracias al escueto top rojo que llevaba, estaban salpicados de pequeñas motas de brillantina. Sus anchas caderas y parte de sus piernas estaban cubiertas por una ajustada minifalda vaquera que acababa por encima de las rodillas, y unos cuantos centímetros por debajo de estas comenzaban unas botas de lo más excitantes, no es que yo fuera fetichista, pero hay cosas que son irresistibles, y en ese momento la mayor parte de mi sangre no iba a mi cerebro sino a mi entrepierna, mi cabeza comenzaba a hacer elucubraciones y pensé que nada se perdía por probar.
    
    Me acerque a ella y esperé que en uno de sus giros quedase mirando hacia mí, cuando lo hizo toda la táctica pensada anteriormente se vino abajo y sólo atine a decir: ¡Hola!! junto a la mejor de mis sonrisas. Aun así, lo supe, sus ojos y su sonrisa me lo confirmaron, ...
    ... llevaba tiempo en dique seco, pero sabía que esa noche triunfaría. Sus amigas enseguida dejaron hueco (cosa rara, pues acostumbran formar un muro impenetrable) y eso incremento mi confianza.
    
    Tras una pequeña e insustancial charla estaba bailando con Paula (ese era su nombre) y al poco mis manos se habían desplazado de su cintura a su culo sin que ella pareciera quejarse, más bien al contrario, puesto que se pegaba más a mí y se rozaba contra mi entrepierna aumentando mi considerable erección, que ya se hacía molesta atrapada en el pantalón. Cada vez bailábamos menos y nos acariciábamos más, nuestros labios se juntaban y coincidían a la perfección, mi lengua disfrutaba del interior de su boca y su lengua de la mía. De vez en cuando besaba su cuello y sus orejas, pero siempre volvía a su boca, lamía sus labios con mi lengua y los mordisqueaba. En ese momento la tenía acorralada contra la pared, ella metió una mano bajo mi camiseta, el contacto de sus dedos con mi espalda fue electrizante, para corresponderla lleve una mano hasta una de sus tetas, con timidez al principio, tan sólo sujetando la parte baja de su pecho en el arco de mi mano, ante sus gemidos de satisfacción, mis manos, como si tuviesen vida propia comenzaron a acariciar sus tetas sin ningún pudor. Iba a proponerle ir a un sitio más tranquilo, cuando ella me soltó de repente, con una voz melosa y excitada:
    
    —¿Quieres tomar una copa en mi casa? (uff, su casa, eso eran palabras mayores, mi día de suerte), debí ...
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