1. Coincidencias


    Fecha: 28/02/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: XAVIA, Fuente: CuentoRelatos

    ... salía, él entraba, risueño y simpático como siempre. Nos saludamos con educación y cada uno emprendió su camino.
    
    El mensaje llegó una semana después, pasadas las diez de la noche. ¿Estás ocupado? No. ¿Puedes subir un momento? Iba a responder para qué quieres verme, pero tecleé dos letras, ok.
    
    La puerta estaba entornada, así que la empujé. Maite me esperaba de pie, al final del recibidor, con el vestido camel que se compró quince meses atrás. Sus jóvenes piernas brillaban como un diamante, su bien definido cuerpo me llamaba como un imán. Entré prudente aunque sus ojos me transmitían claramente para qué quería verme.
    
    Me besó sucia, babeándome, cuando llegué a su altura, pero no me permitió corresponderle más que unos segundos. Agarrándome del cabello tiró de mi cabeza hacia abajo para ordenarme, cómemelo. Arrodillado levanté el mínimo telón, exigua y única protección de la feminidad de la madura mujer. Levantó una pierna cuando notó mi lengua recorrer su desnuda vagina apoyando el pie sobre el pequeño mueble del recibidor. Lamí, chupé, sorbí, bebí hasta que los suspiros fueron sustituidos por chillidos sofocados por su mano libre, mientras sus caderas temblaban y sus piernas se mecían, débiles ante el ataque recibido.
    
    Tuve que sostenerla por las caderas para que no perdiera el equilibrio mientras susurraba gracias, como lo necesitaba, recuperando el resuello. Me levanté sin dejar de abrazarla para fundirnos en un interminable morreo, que empapó su lengua de ...
    ... fluidos femeninos. Alargó la mano buscando mi entrepierna, sacó mi pene, lo masturbó sin dejar de besarme, ofreciéndome los pechos a continuación, chúpamelos, también te echan de menos, hasta que se agachó para engullir mi miembro hambrienta.
    
    A pesar de su ansia, me la chupó despacio, saboreándola, lamiéndome el tronco lateralmente, sorbiéndome el glande, recorriendo los testículos, tragándose uno, también el mellizo, hasta que insistió en profundizar con la barra de carne hasta que me corrí. Engullida la semilla, liberó el miembro, sentenciando, ¡cuánto la echaba de menos!
    
    Tal vez deberíamos haberlo hablado, acordado los términos, pero no lo hicimos. Ni después de este encuentro, ni del tercero en el rellano de su piso, ni del cuarto en el cuarto de contadores, ni del siguiente.
    
    Ella me reclamaba, yo aparecía. Follábamos, en el amplio término de la palabra, rápida, ansiosa, apresuradamente, como dos animales salvajes llevados por el irracional celo que la madre naturaleza nos había inyectado.
    
    Fueron varios meses de encuentros semanales o quincenales en que apenas cruzábamos palabra. Frases cortas, órdenes, agradecimientos y sonidos incontrolados llenaban nuestras comunicaciones. Hasta el 14 de julio, día nacional de Francia.
    
    Aunque ya lo sabía, tuve que disimular, haciéndome el sorprendido cuando mi madre nos mostraba la invitación a la celebración de compromiso de la vecina del ático. Se casaba a mediados de julio con aquel chico tan agradable, el compañero de ...
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