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Un chico lindo, demasiado lindo (3)
Fecha: 01/03/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos
... vecino. Iba a menudo a visitarla y a ella no se le había escapado que si se cruzaba con el chico lo miraba a hurtadillas con ojos de sátiro. “Nos vas a ser muy útil, Ernestito”… pensaba la vieja regocijándose con su idea mientras marcaba el número de teléfono de su hermano. Al día siguiente don Ernesto –así lo llamaban los padres del chico, apareció en la casa a las dos de la tarde y luego de saludarse con su hermana le extendió un sobre: -Aquí están, Rosa, salió precioso el nene. –dijo mientras sus ojos brillaban de codicia. Estaban en la habitación de la solterona, ambos sentados en el borde de la cama. La “señorita” extrajo las dos fotos que había en el sobre y sus labios finos se curvaron en una sonrisa malévola: -Están perfectas, ¿cierto?... La carita del mocoso se ve clarísima. –dijo paladeando el éxito seguro de su plan. -Sí. –Coincidió don Ernesto. –Además la expresión no da a entender que está siendo forzado. -Tenés razón, hasta parece que estuviera gozando. –convino la vieja. Bueno, hermana, este revelado de las fotos no te va a salir gratis. –dijo el vejete con una sonrisa lasciva. –El chico me vuelve loco desde hace tiempo y quiero sumarme al grupo. -Claro que sí. –aceptó la “señorita”. –Cuando te conté lo que le venimos haciendo estaba segura de que ibas a querer sumarte. -¿Dónde está ahora? –quiso saber el vejete. -En el baño, ahí lo tenemos encerrado cuando no lo usamos. -Quiero verlo. Me salgo de la vaina. -¿Verlo nada ...
... más? –bromeó Rosa. Su hermano contestó con una risita perversa y ambos iniciaron el camino hacia la improvisada celda. Al verlos entrar el chico se acurrucó contra el frente del inodoro, a la defensiva y con el miedo reflejado en sus bellos ojos oscuros. -¡Que se pare! –exigió don Ernesto con su rostro deformado por la lascivia. -Ya oíste, mocoso, ¡parate! –le ordenó la “señorita”. El miedo hizo obedecer al pobrecito, cuyas mejillas ardían de vergüenza. Se paró de perfil ante ambos depravados y el vejete lo envolvió en una mirada lenta y morbosa, recorriéndolo de pies a cabeza, dibujando ese contorno de armoniosas curvas entrantes y salientes. -Es increíble… -dictaminó don Ernesto, de cuyos labios manaba un hilo de baba. –Date vuelta, nene, quiero verte el culo. –dijo el viejo. -Por favor… -murmuró suplicante el atemorizado jovencito. La “señorita” Rosa se adelantó entonces y le cruzó la cara de una fuerte cachetada. -¡Obedecé, mocoso de mierda! –le gritó y el chico hizo lo que se le ordenaba, ganado por el miedo y de espaldas a don Ernesto, éste se regodeó largamente con esa silueta apetitosamente ambigua. -Quiero darle ya. –dijo finalmente dirigiéndose a su hermana. -Es todo tuyo, vamos a mi pieza. ¿Te molesta que mire? -¡Al contrario! ¡Eso me va a calentar más todavía! –y allá fueron los dos pervertidos con el chico, que temblaba ante la inminencia de una nueva violación. Don Ernesto era un hombre delgado, canoso y peinado hacia atrás con ...