1. La reeducación de Areana (final)


    Fecha: 20/03/2021, Categorías: Incesto Autor: señoreduardo, Fuente: CuentoRelatos

    -¿Sabés una cosa?, me excita que seas obediente, Margui… Le murmuró Milena al oído y eso fue para Margui una suerte de llamarada interna que terminó de ponerla en manos de la asistente.
    
    -Me… me gusta obedecerte, Milena… Me excita, no sé…
    
    La asistente deslizó su lengua por el cuello, blanco, fino y largo de Margui y al llegar a la oreja le susurró:
    
    Me alegra que sientas eso… Que hayas descubierto que sos una perrita… Mi perrita sumisa…
    
    -Sí… sí, Milena, soy tu perrita sumisa…
    
    -Mi perrita faldera…
    
    -Sí, tu perrita faldera…
    
    Milena magreaba a Margui, cuyos suspiros la excitaban tanto como sobarle esas tetas grandes, blanquísimas y de pezones oscuros. Las manos de la asistente recorrían entera a la jovencita y pronto ambas acabaron en el piso prodigándose mutuamente encendidos besos, lamidas, caricias y mordiscos.
    
    -Tomame, Milena… Tomame, por favor… ¡Por favor!... –imploró Margui cuya calentura era tanta que hasta le costaba respirar, y Milena la tomó con los dedos, con los labios, con la lengua. La tomó por la concha y por el culo y la tomó con tal maestría que la monjita, una vez alcanzado el orgasmo, murmuró entre jadeos: -Soy tuya, Milena… tuya… esclavizame… hacé lo que quieras conmigo… ¡Lo que quieras!...
    
    -Lo que quiero es hacerte muy puta… -murmuró la asistente al oído de Margui. –Mi puta, mi esclava, mi perrita…
    
    -¡Sí!... ¡haceme todo eso!… -se exaltó la jovencita.
    
    Amalia estuvo un rato mirando complacida lo que ocurría entre Milena y la ...
    ... monjita y luego lanzó la consigna que daría por terminada la orgía:
    
    -¡A ver, putas! ¡Ahora, para despedir la noche, todas contra todas y a lo que venga!
    
    Poco a poco las invitadas comenzaron a incorporarse, alguna de pie, otras en cuatro patas luego del enorme derroche de energía desplegado hasta ese momento y luego de algunos gestos como restregarse los ojos o arreglarse las melenas comenzaron a buscarse con las miradas, semejando fieras hambrientas a la caza de la presa. Segundos después, la locura sexual: combates cuerpo a cuerpo, gritos que por momentos se convertían en aullidos o expresiones guturales, jadeos y gemidos que en esa sinfonía obraban como contrabajos, oboes o tubas. Milena y Marisa asistían fascinadas al espectáculo montado por la teatral genialidad de Amalia.
    
    Margui, abrazada por Milena, miraba todo aquello con ojos agrandados a su máxima posibilidad. Marisa, a espaldas de la jovencita y sin poder contenerse, había comenzado a deslizarle sus manos por las nalgas rogando que la dueña de tan apetecible culo no protestara y se dejara hacer, y Margui no protestó aunque sabía que esas manos no pertenecían a su amada Milena.
    
    Ya ninguna de las invitadas quedaba de pie y ni siquiera en cuatro patas. Todas estaban tendidas en la alfombra, mordiendo, lamiendo, usando sus dedos como arietes impiadosos en conchas y culos, penetrando y siendo penetradas. De pronto Milena tuvo ganas de orinar y lo hizo sobre los cuerpos de Zelmira y de la librera, que se estaban ...
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