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Me pierden los uniformes
Fecha: 17/04/2021, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Tazzia Mayo, Fuente: CuentoRelatos
Cerró la puerta de casa y se desplomó contra ella en el suelo. Estaba hecha un lío. Quería creer que el abandono de su pareja de los últimos cinco años, no se debía a que no la quería. Suspiró cogiendo aire profundamente y decidió darse una ducha antes de salir a dar una vuelta por la playa. Paseaba despacio, el tacto de la arena bajo sus pies descalzos la transportaba a aquellos veranos siendo niña cuando todo era perfecto, o así lo recordaba ella. Alzó la vista alejándose de lo que le hacía sentir la fina arena, y vio cómo dos policías de uniforme impoluto recorrían el paseo... «¡Vaya! Por esos dejaba que me detuvieran, me esposaran o lo que les pareciera más oportuno dentro de los límites de la ley... o no». Se acercó disimuladamente hacia las escaleras y pasó junto a ellos dejando una mirada perdida, llena de intenciones mientras humedecía sus labios, a uno de ellos. Su compañero no pareció darse cuenta, pero él no pudo evitar sonrojarse tímidamente. Cada tarde a la misma hora decidió salir a pasear por la playa, «Sí, es reciente la ruptura pero... ¿qué hay de malo en un parche mientras olvido? Los uniformes siempre me han puesto...». Y como cada tarde, siempre el mismo ritual hasta que un día el compañero que no parecía darse cuenta de nada decidió dar el primer paso. —Perdona, esta noche hay una fiesta en la playa al acabar nuestro turno, ¿vienes y te tomas una copa con nosotros? —Vaya... creía que los polis comulgabais contra el alcohol... -De ...
... nuevo aquella sonrisa pícara recorriendo sus labios con su lengua mientras veía como su poli se ruborizaba. —Mi compañero no podrá negarle una copa a alguien como tú, aunque sea sin alcohol. Estaba nerviosísima, llevaba demasiado tiempo fuera del mercado, pero desde luego había comprobado que sus cualidades seguían igual que hace cinco años. «Ojalá lleve aún el uniforme… ¿todo esto es solo por eso?». No lo sabía, pero tampoco le importaba. Se maquilló, sus cremas aromáticas se desprendían por todo su cuerpo y su precioso vestido ibicenco, blanco impoluto, hacía el resto. Bajó despacio las escaleras oyendo de fondo la música intentando verles antes de que la vieran a ella. No se lo podía creer... «¿Hemos vuelto al instituto?». Quien le había invitado estaba frente a ella con su poli de espaldas; hablaban mientras la miraba y sabía que le estaba describiendo cómo iba vestida. Se acercó despacio y cuando se encontraba a poco más de medio metro, él se volvió. —¡Qué bien que hayas venido! —Mmm... ¡qué bien que llevéis los uniformes! —Andrea se sorprendió de que su mente no fuera capaz de filtrar nada antes de hablar, ¿ya? ¿Tan pronto sin ni siquiera una copa?— Me encantan, siempre me han gustado. —Huy, me está vibrando el móvil... os dejo chicos, luego os veo. —Definitivamente sabía muy bien cómo hacer de celestino. —¿Damos un paseo los dos solos? —La expresión en los ojos de su poli no parecía dejar lugar a dudas. Caminaban despacio, Andrea se ...