1. Entre-acto. La gorda


    Fecha: 05/05/2021, Categorías: Incesto Autor: Caminante, Fuente: CuentoRelatos

    ... adelante, yo vi un ojo al lado del otro, parecía un depredador que miraba a su víctima.
    
    Ella me esperaba de rodillas, me senté rozando su vientre, sus manos recorrieron mis hombros, luego echo mi cabeza hacia atrás uniendo nuestros labios, su lengua se introdujo en mi boca y me secó la boca ¿Me probaba?
    
    Salió de mi boca y me susurro al oído que le gustaba mi boca, y apoyándose en sus piernas, pasó su lengua por mi hombro derecho, sus brazos recorrieron mi pecho y costados, y quedaron rodeando mi cuerpo, sus labios recorrían mi hombro derecho y fue cuando sentí el dolor.
    
    Sus dientes se habían clavado, cerca del cuello, apretaba con rabia, me quejé, ella mordió con más fuerza, sentí como escurría sangre por mi espalda, apretó más y ya me moví, pero su postura me sujetaba ya que en ese momento ofreció resistencia con su cuerpo, solo me quedaba una salida, empujar hacia atrás, mis piernas dobladas hicieron de muelle y soltó la presa, me volví hacia ella cabreado, muy cabreado.
    
    Ella a gatas, me miraba con cierta sonrisa, tenía sangre en la boca, y con guasa se pasó la lengua por encima de sus labios, fue lamiendo la sangre hasta que se la quitó. Se sentó en la cama sonriente y me señaló con dos dedos, simulando una pistola.
    
    —Yo quiero un vínculo contigo, algo que no puedas romper, la sangre es inmortal, y es la esencia que permite la vida en nuestro cuerpo, la he robado como quería, con daño físico.
    
    La miré refrenando mi ira, me dolía el mordisco, y ...
    ... posiblemente se infectara.
    
    —Tú beberás la mía muy pronto, mi sangre también me duele muy adentro. Tengo una fina copa para recogerla, aunque prefiero que lo hagas directamente de mi vulva.
    
    Además ese día te permitiré que te corras dentro, para que se mezcle con mi sangre, y ese vínculo vivirá aunque nosotros hayamos muerto.
    
    —Y déjame que cure tu herida.
    
    No dije nada, de nuevo me había sorprendido y en efecto, llegó una caja de curas, me puso una gasa, linitul dijo, reponía el tejido afectado y además desinfectaba, luego lo cubrió con una gasa y desapareció de mi vista.
    
    Volvió con un cordón negro que tiró en el borde de la cama.
    
    —Átame y haz conmigo lo que quieras, soy una mujer mala, lo he asumido desde el instituto cuando no era gorda, di con chicos malos, pero me vengué de cada uno de ellos, tú has debido ser uno de ellos, sabes como ellos, nunca olvidé su sabor.
    
    Hice como en las pelis de policías, le di la vuelta poniéndola boca abajo, até sus muñecas procurando que no le produjera daño alguno, luego el otro extremo lo llevé a su hombro seguí por cuello y volví hacia abajo, le pasé entre las piernas y até en sus muñecas, tenía cierta holgura no sentiría daño alguno aunque tirara.
    
    Quité la sábana de encima y la pasé por encima de su espalda, luego por debajo de la cama y la até, de esa forma impedía que se diera la vuelta, puse las almohadas a ambos lados de su cabeza, no podrá verme aunque girara la cabeza.
    
    Volví a la entrada, del chaquetón cogí el mp3, le ...