1. UNA LINDA HISTORIA 2


    Fecha: 24/05/2021, Categorías: Incesto Autor: memito, Fuente: SexoSinTabues

    ... repasé la polla, de cabo a rabo. Respondía muy bien. Mis manos resbalaban perfectamente con el jabón. Subían hasta estrujar delicadamente el glande, para bajar, al unísono, friccionando todo el talle. Sobaba los gruesos testículos, bien cargados de semen. Descubrí que el glande era mucho más sensible que antes, no sé a qué es debido. También lo es mi escroto y la base del miembro, donde da paso a los huevos. El caso es que no hizo falta mucho para que me corriera, descargando un largo y potente chorreón de semen, como jamás he visto. Pero mi polla no se bajó, nada de eso. Aún no estaba satisfecha, quería más. Me tuve que hacer otras dos pajas seguidas para que bajara la cabeza, vencida. ¡Dios, casi me salen agujetas en los brazos! Debo tener cuidado para no excitarme demasiado porque, entonces, hay que satisfacerla, y no se rinde. No sé, creo que me estoy convirtiendo en un obseso sexual, lo cual no es nada bueno con mi aspecto. ¡A ver donde pillo cacho si me pongo burro! Ya he dicho que esto es una maldición… Han pasado unos cuantos días. Hago todo lo que puedo para acostumbrarme a la situación. Tengo cuidado al pasar al lado de mi madre y que nadie se de cuenta de nada. De repente, Pamela entra por la puerta, soltando la maleta y abrazando a padre por sorpresa. Viene de Madrid y no la esperábamos. Está guapísima, con un fino suéter negro y una falda a medio muslo, amarillo pistacho. Me besa en la coronilla, por la espalda, porque me pilla sentado a la mesa. Siento un suave ...
    ... tirón en la ingle. Dios, ella también. Saluda a Saúl con un beso en la mejilla y un golpe en el brazo, y, finalmente, se echa en los brazos de madre. ― ¿Qué haces aquí? – le pregunta madre. ― Hay una protesta de sindicatos, o no se que historia. No tengo que trabajar hasta el lunes, así que me he venido, que os echaba mucho de menos – sonríe Pamela, atrapando en brazos al inquieto Gaby. ― Bien. Deja tu maleta en tu cuarto y lávate las manos. ― Te llevo la maleta, Pam – le digo, levantándome. ― Gracias, Sergi – me lanza un beso, tomando el pasillo. Dejo la maleta sobre su cama. Su habitación es un barullo de figuritas, peluches, pósteres clavados, y cojines de colores. Hacía ya mucho tiempo que no entraba allí. La escucho cerrar el grifo del lavabo cercano. ― Deberías cortarte el pelo. Lo tienes muy largo – me dice al entrar. ― ¿Me lo cortarás mañana? ― Claro que sí, hermanito – me echa los brazos al cuello para que le de una vuelta en el aire. Es liviana como una muñeca en mis brazos. Tengo un flash sobre el sueño de la otra noche. Joder. Un nuevo tirón en los bajos. Quieta, ahora no. No me puedo quitar de la cabeza sus ojos mirándome mientras me la chupaba. Esos ojos marrones y verdes. ― Vamos a comer – digo para salir del apuro. ― Oye, hermanito, ¿qué le has dado a Maby? ― ¿Yo? ¿Por qué? – me giro de nuevo hacia ella. ― Me ha dicho que estuvisteis hablando, cuando estuvo aquí. ― Si, en el bosquecillo. Estaba talando y se acercó. ― Pues me ha comentado que le caíste muy bien ...