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UNA LINDA HISTORIA 2
Fecha: 24/05/2021, Categorías: Incesto Autor: memito, Fuente: SexoSinTabues
... Me gusta la lluvia. Lava la tierra, alimenta el suelo, borra las heridas, y nada la puede detener. Resuena en mi lector Highter Place, de Journey. Me gusta el rock, se adecua bien a mi estado de ánimo. Unos tímidos golpes a la puerta del desván. Es Pamela. ― ¿Puedo? – pregunta, asomando solo que la cabeza rojiza. ― Claro, tonta. Se sienta detrás de mí, en un viejo sofá reventado por mi peso. ― ¿Te aburres? – me pregunta. ― Me gusta ver la lluvia. Me hace divagar. ― ¿Sobre qué? ― A veces no tengo ni idea. Se ríe de una forma franca y sincera. ― A veces creo que eres un místico – susurra. ― ¿Un qué? ― Un brujo, un erudito de filosofías prohibidas y arcanas. ― ¡No jodas! ― Es cierto. Te miro y no aparentas tu edad. No te veo como a un crío. ― No soy un crío. Tengo diecisiete años. ― Lo sé – suspira ella. – Eres todo un hombre. Siempre lo fuiste para mí, desde que empezaste a crecer hasta dejar atrás a Saúl. Eres quien mantiene unida esta granja, Sergio… Dejo la ventana y me siento a su lado. El sofá protesta. La miro a los ojos. ― ¿A qué te refieres, Pamela? ― Trabajas por dos o tres jornaleros. Haces de todo en la granja, desde talar, cosechar, cuidar de los animales, y hasta recolectar la miel. Sin ti, papá no podría mantener esto. ― Bueno, tengo que ayudar, ¿no? Ellos nos han criado. ― Pero, no te quejas nunca – se abraza a mi brazo derecho y recuesta la mejilla. Su mano sube y me acaricia la mejilla y ensortija un mechón de mi pelo. – Dejaste la escuela para trabajar más. ...
... Ni siquiera tienes amigos… ― Pam… -- juro que trato de advertirla. ― Eres tan retraído, tan misterioso… Veo más allá de este masivo cuerpo tuyo. Sé como eres en tu interior – sus ojos me hechizaban mientras que sus dedos no cesaban de mesarme el pelo. – Eres un espíritu puro, Sergio. De los que ya no quedan en el mundo… Me pongo en pie con un suspiro. ― ¿A qué viene esta llantera? – pregunto, burlón, mirándola desde arriba. Ella baja los ojos y se encoge de hombros. Recoge las piernas bajo sus nalgas y estira la corta falda amarillo pistacho. De repente, sucede. Es como si sintiera sus emociones, como si me traspasasen lentamente cada uno de sus sentimientos, compartiéndolos conmigo. Tristeza, decepción, un poco de ira, celos, envidia… Pamela está mal y no tiene a nadie con quien desahogarse. Ha venido a mí por eso, porque piensa que soy el más sensible de toda su familia. ¿Sensible? Tengo que girarme de nuevo hacia la ventana y contemplar el agua del cielo para impedir que la cosa de mis pantalones rompa su prisión de tela. ― Puedes contármelo, Pam. ¿Quién te ha hecho daño? – pregunto, sin mirarla. Puedo notar como se sobresalta. ― ¿Tan evidente es? ― Para mí si – contesto y, esta vez, la miro. -- ¿Qué ha pasado? ― Hace seis meses, conocí a un chico – suspira al empezar, mirando hacia la ventana más alejada. ― ¿Eric? Gira la cabeza y me mira, intrigada. Al final, asiente. Sigue con su historia. ― Sus padres son alemanes pero afincados en los Pirineos. Nos llevábamos bien. ...