1. Caperucita y Feroz - Parte II


    Fecha: 14/06/2021, Categorías: Gays Autor: priscilla69, Fuente: CuentoRelatos

    Priscilla ha quedado paralizada, pues no da crédito a lo que está sucediendo. Su cuerpo no puede responder como quisiera. Se limita a revolver el pelo de él con sus manos.
    
    De pronto se atreve a formular otra pregunta.
    
    —¡Joder! ¡Qué boca tan grande tienes!
    
    El responde entre seductoras risas.
    
    —Para comértelo entero!
    
    Ella traga saliva a duras penas imaginando lo que va a suceder.
    
    Acto seguido introduce su lengua en el clítoris, y lo masajea con movimientos rotatorios. Hace apenas media hora que están metidos en faena, y ella, está a punto de saltar al vacío y sin paracaídas.
    
    —Noto que te encanta, porque estás muy, muy húmeda
    
    A medida que le susurra sensuales palabras al oído, introduce dos dedos en su interior. Ambos son muy bien recibidos. Acogidos con ansia.
    
    —¡Ohh, Dios! ¡Vaya dedos tan largos que tienes!
    
    —¡Son para masajearte y poseerte así de bien!
    
    Sus dedos entran y salen de forma sincronizada, mientras Priscilla continúa rígida como una estatua, sin creer que su cuerpo pueda soportar tal estado de excitación por mucho tiempo más.
    
    Tal exceso se va transformando lentamente en éxtasis.
    
    En cuestión de segundos, saca los dedos de su interior y la penetra con una fuerza demoledora.
    
    Nota como una vara de hierro candente la tortura sin piedad. Las acompasadas idas y venidas provocan espasmos en sus entrañas.
    
    Leves contracciones le anuncian que el final se acerca. Él, susurra pecaminosas y perversas palabras a su oído, pero ella está ...
    ... tan concentrada en el orgasmo que se le avecina, que apenas las puede descifrar.
    
    Ambos se corren a la vez. Los gritos desgarradores que emiten a causa de la caída libre que les ha provocado el orgasmo, hacen eco en las paredes del dormitorio. Parece que hasta tiemblen los cimientos.
    
    Dos toques secos y firmes, aporrean la puerta. La pareja se exalta, enderezándose de golpe.
    
    A continuación, se abre y aparece la figura de un hombre con aspecto bonachón.
    
    Ella se echa a reír, restando importancia al asunto.
    
    —¡Ah…! Es John, El Cazador.
    
    —¿El Cazador?
    
    Pregunta el follador, con cara de no enterarse de poco menos que de nada.
    
    Ella, todavía anonadada por las secuelas del atroz orgasmo que ha sufrido, y del cual, todavía no se ha recuperado, más la ingesta de alcohol que todavía corre por sus venas. Contesta como si tal cosa.
    
    —Le llaman El Cazador, porque la tiene larga y dura cual cañón de escopeta.
    
    —¿Ocurre algo? Oí fuertes gritos desde mi casa, y decidí venir a ver qué pasaba.
    
    El Cazador mira fijamente a Priscilla sin apenas pestañear.
    
    —¿Dónde está tú marido?
    
    Pregunta extrañado, mientras ella le sonríe y le trata de loco.
    
    —Aquí. ¿Es que no le ves?
    
    Todavía sigue bajo los efectos del alcohol. Pero, cuando clava su mirada en la de su compañero de cama, se da cuenta de que el hombre, tiene razón.
    
    —¡Feroz!
    
    Se levanta de la cama como la pólvora. En un pis−pas se pone los pantalones y la camiseta. Cuando está a punto de salir por la puerta, ...
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