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El Accidente de Papá
Fecha: 03/07/2021, Categorías: Gays Autor: DaveGarrido, Fuente: SexoSinTabues
... después llegó mi madre y tras acompañarla por una hora mas, me despedí y me fui a mi apartamento. Apenas llegué tuve que tirarme en la cama y masturbarme frenético como cuando era un adolescente. La única y poderosa imagen que necesité para alcanzar mi orgasmo en tiempo récord, fue la gorda y suave verga de mi papá. Los días siguientes fueron tal vez los más difíciles. Por un lado, me comía la culpa por lo que había hecho, por el otro me excitaba el sólo hecho de recordarlo. Sabía que no estaba bien, pero también sabía lo mucho que me había gustado hacerlo. Y los días fueron transcurriendo pero mi excitación sobre mi padre no se desvanecía. Un tiempo después sonó el teléfono y escuché la voz de mamá, el nudo no fue de angustia, sino ese cosquilleo de deseo sexual que tanto se me notaba. -¿Qué pasa, mamá, como va todo? – pregunté de pronto sin aliento. -¡Tranquilo, no pasa nada! – me calmó ella – Tu padre va mejorando, aunque todavía tiene que tomar muchas pastillas para soportar el dolor. Duerme prácticamente todo el día. - ¡Bueno! – dije acomodándome una inoportuna erección que el sólo hecho de imaginar a mi padre dormido me había provocado. - Pero necesito pedirte un favor – dijo mi madre - Dime – contesté algo apenado por mi comportamiento. - Necesito ir a ver tu tía Hellen, ella quiere hablar conmigo sobre unos asuntos, crees que podrías cuidar de tu padre el sábado? – preguntó como dudando de que yo realmente pudiera hacer eso por ella -Prometo no llegar tarde – ...
... terminó. - ¡Claro, mamá, cuenta con ello! – dije para su total sorpresa. - ¡Gracias, cariño, ya verás que no será tan malo como parece! – dijo con total inocencia. - Apuesto a que no lo será – me atreví todavía a contestar. Así que el sábado a primera hora de la mañana, despedí a mamá después de haber recibido toda una lección de las comidas permitidas, los horarios de medicinas, y, sobre todo, de la dosis de sedantes que el doctor había autorizado. La despedí desde la puerta, con la culpa en el rostro y una persistente erección que desde mi llegada a la casa parecía no abandonarme. Apenas se marchó corrí a la recámara de mi padre. Contrariamente a lo que esperaba, no dormía, y un poco desconcertado lo saludé; -¿Cómo te sientes, viejo? – le pregunté alisando la colcha con que se cubría. - ¡Viejo tu culo! – contestó malhumorado – Acércame el control de la tele que no quiero ver ese pinche noticiero. -¡Amanecimos de buen humor, por lo visto! – dije pasándole el control remoto. Me lo arrebató con mirada asesina, que pronto se convirtió en una clara mueca de dolor, por el brusco movimiento que había hecho. -¿Te duele? – pregunté de pronto preocupado. -¡Como la chingada – dijo apretando los dientes. -¿Quieres que te dé algo? – pregunté buscando ya los sedantes entre los numerosos frascos junto a su buró – Aunque aun no es la hora – le aclaré. - ¡Me vale madres si no es la hora! – dijo aun con una mueca de dolor en el rostro. - ¡Está bien, tampoco hagas un berrinche– dije acercándole un ...