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LOS MUCHACHOS DE MI BARRIO II - EL PAYITO Y EL CHOCHI
Fecha: 05/07/2021, Categorías: Gays Autor: Alejandrogusta, Fuente: SexoSinTabues
LOS MUCHACHOS DE MI BARRIO II -EL PAYITO Y EL CHOCHI- Mi relato anterior finalizaba así: Después los vimos separarse para meterse a la laguna. Un rato después salimos de nuestro escondrijo y aparecimos en la laguna y tras desnudarnos nos metimos al agua. -¿Recién llegan ustedes? – preguntó, el Jacinto -Sí – contestamos a dúo… Con el Payito nos miramos sin decir nada. Como todos estábamos desnudos podíamos ver los genitales de los dos más grandes que se veían morcillones. Recuerdo que pensé ¿Qué sentirá el Tato cuando le meten por el poto semejantes pedazos?. Lo miraba jugar con los dos y me pareció que estaba contento. Tenía como amantes a los dos muchachos más deseados por las chicas de la zona. Con el tiempo el Tato se pegó mas al Pancho y hasta algunas noches se quedaba a dormir en mi casa. Claro, siempre se acostaba con el Pancho. Todo cambió cuando los dos más grandes se pusieron de novios y ya no necesitaron el poto del Tato. Entonces entró a tallar el Bolita que calzaba un miembro grande como el del Pancho pero tenía la misma estatura que el Tato. Antes de que se produjera eso, hubo toda una etapa de transición. Entre los más chicos (El Payito, el Omarcito G, el Omarcito A y yo) se inició un proceso lógico que tuvo como base la curiosidad. Lo habíamos visto al Tato chuparles las matracas al Jacinto y al Pancho y cómo estos se las metieron por el culin hasta el moño y que a pesar de llorar las primeras veces después andaba detrás de ellos para que le dieran más de lo ...
... mismo. Cuando estaba solo me dominaba este tema por sobre todas las cosas. Hasta llegar a imaginarme con la pichula del Jacinto en mi boca. Un día el Payito no apareció y me encontré con el Omarcito A que era hijo de un policía y nos fuimos a la laguna de los gringos Fernández. De casualidad nos encontramos en un escondite con el Planeta que era un poco más grande que el Tato y nos hizo señas de silencio, que no hiciéramos ruido. Cuando llegamos al lugar y miramos hacia donde el nos señalaba vimos al Jacinto desnudo sentado sobre el pasto, con la espalda apoyada a un árbol, las piernas separadas y metido entre las peludas piernas al Omarcito G, también desnudo, boca abajo, chupándole el pedazote. -Con los dientes no, con la lengua y los labios – le decía el Jacinto al chico al que le faltaban manos para tocar y acariciar. Cuando el Omarcito se cansó de mamar, el Jacinto lo montó y comenzó a jugar con su miembro entre las nalgas del miliquito hasta que embocó el upite y le metió un poco. El Omarcito gritó pero ya era tarde. Era sabido que si uno se dejaba, una vez que entraba la cabecita ya no había vuelta atrás. -A ti no mas… A ti no mas – gritaba el Omarcito G. el decía o quería decir “hasta ahí no más” El Jacinto se quedó quieto un rato y le decía algo que no podíamos escuchar. De vez en cuando hacia algún movimiento y era visible que le separaba cada vez un poco más las piernas hasta que comenzó a menearse despacito y a meter un poco más cada vez. El Omarcito gemía como un ...