-
El vecino sin nombre al rescate
Fecha: 30/09/2021, Categorías: Gays Autor: nightlywriter, Fuente: CuentoRelatos
... grande del barrio. En esa época hacía bastante deporte y, sin ser un tío atlético, mis brazos y pecho contorneaban mi masculinidad y le ponían a cien. Al principio, yo dudaba de su técnica practicando sexo oral, repetitiva y metódica, que no acababa de estimular mi glande. Pero mientras se excitaba más y más, la velocidad aumentaba, se la metía hasta la garganta, y la lubricaba con su saliva. A veces se atragantaba. Yo gemía, y sé que eso le gustaba mucho aunque nunca lo dijera. Se me encorvaban los dedos de los pies de placer, y mis caderas daban espasmos como si le quisiera follar la boca. De hecho, muchas veces él se quedaba quieto y se masturbaba, y yo movía mi pene hacia arriba y hacia abajo, adentro y afuera de su boca. Cerraba los ojos, consciente de que me excitaba la situación, el morbo, el servicio a domicilio para liberar tensiones, más que puramente él. Siempre le avisa de que me estaba acercando al orgasmo y él se la frotaba todavía más rápido. Hasta que yo me corría, la mayoría de veces en su boca, y mucho. Porque siempre saco tres o cuatro lechadas, y porque siempre que lo avisaba llevaba días sin eyacular. Yo soltaba una carcajada después de venirme, exhausto, liberado, ligero como si hubiera quitado una carga de dentro. Y automáticamente –ya era una rutina para nosotros– daba un salto al armario y le daba una toalla pequeña de la colección de toallas –algunas robadas de hoteles– listas para las visitas sexuales. Él se iba al baño a asearse un poco, y yo me quedaba esperando y limpiándome la polla roja, gastada y pringosa de restos de semen. Mientas se vestía, yo lo miraba con la toalla atada a la cintura. Le ofrecía un vaso de agua. Nunca quiso, nunca decía nada, apenas conocía su timbre de voz, y eso que me visitó al menos una veintena de veces. Hasta que un día me preguntó algo antes de irse. – Este fin de semana, ¿te animas a divertirte también con mi novio?