-
Eva y su hijo Abel (6)
Fecha: 15/11/2021, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos
... vez. Abel y Adán me lamían despacio, gozando de verme gozar como nunca, yo sujetaba la cabeza de cada uno con una mano, y gemía, pues no tenía necesidad de palabras. Había cerrado los ojos, y me concentraba solamente en mí y en lo que mis hombres me ofrecían. Creí llegado el momento, y fuimos a la cama. Adán se puso de rodillas, yo me incliné ante él, y empecé a chuparle la polla, que llevaba mucho tiempo erecta como hacía mucho no le pasaba; recorrí su glande, repasé toda la longitud de su pene, volví a meterme el glande en la boca, lamiendo más fuertemente ahora, y sujetándome en sus caderas; Abel se había colocado detrás de mí, y me metió un dedo en el culo, pero no era el momento adecuado, así que después de ofrecerme la promesa para otra ocasión, entró en mí con la decisión acostumbrada, y empezó a moverse y moverme sujetándome por las caderas. Adelante y atrás me movía, facilitándome el movimiento con Adán, todos nos movíamos en una combinación amorosa que fue aumentando sin palabras, hasta que noté que se acercaba el momento. Apreté más a Adán, le tomé firmemente la polla y aumenté la presión, lo que él notó y en lo que me fue ayudando, a la vez que Abel me sujetaba más fuerte todavía, y empezaba a avanzar frenético; estábamos en una ...
... carrera los tres, concentrados en los demás y cada uno en sí mismo, hasta que mis dos machos me derramaron su semilla y yo me corrí un segundo después, con un grito sofocado por la polla de Adán y su semen, que me chorreaba boca afuera, y con unas sacudidas que recogían el ataque de Abel y también me derramaban su jugo otra vez. Así, en esta tensión de orgasmos, estuvimos un momento sin poder hacer otra cosa que aliviarnos, sentir y gozar, olvidándonos de lo que nos rodeaba. Poco a poco volvimos a nosotros, a la cama donde nos fuimos dejando caer, y nos abrazamos, en una confusión de piernas, brazos, manos. Descansando así, dejamos pasar un poco de tiempo, yo entre ellos, a veces besando a uno u otro, siempre acariciando a los dos. Esto duró un tiempo que no se acabó nunca, pues, no sé cuándo, estando así, abrazada a los dos, noté algo en el aire, abrí los ojos que tenía cerrados, y vi que otros labios se besaban. Adán y Abel habían empezado a besarse con tranquilidad y cariño, y sus manos se encontraron y unieron. Me uní a ellos, ya no en medio, sino a un lado, como una más, mientras ellos se abrazaban y sujetaban como con una costumbre que luego me pareció de tiempo atrás. Qué más daba, si aquello podía ser el comienzo de otra vida para los tres.