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Aquellas pajas 3
Fecha: 22/12/2021, Categorías: Incesto Autor: , Fuente: RelatosEróticos
... tomar el sol. No les quitaba el ojo de encima. Mi prima dijo que tomando el sol así acabarían teniendo el culo y las tetas blancas y que mejor tomar el sol completamente desnudas. Mi hermana, siguiendo la firme decisión de mi prima, me dijo que entrara en la casa. Le pregunté por qué y me respondió diciendo que era indecente que me quedara allí y que además era muy pequeño para ver ciertas cosas. Yo fingí que me iba a casa, pero lo que hice fue rodear el seto y buscar alguna pequeña abertura entre las ramas por donde mirar. Ellas, incluida mi hermana, se lo quitaron todo y se untaron crema por todo el cuerpo dejándolos brillantes al sol. No tardé ni cinco minutos en regar el seto dejando blancos goterones colgando de las ramas. Como Marta y mi prima iban siempre en ropa interior me creí en el derecho de hacer lo mismo. Así que aunque tenía varios bañadores, los enterré todos en el fondo de mi maleta. Andaba por la casa, me bañaba y dormía con unos calzoncillos blancos de slip como única prenda. Lo hacía sencillamente porque me parecía más indecente. Cuando mi prima y mi hermana fueron a ...
... dormir la siesta yo me quedé en el salón con Marta viendo la tele. Yo estaba sentado en un sillón y ella tumbada en el sofá. Al rato se quedó dormida. Esta vez no me iba a torturar como durante el viaje en coche. Me la saqué y me hice una paja mirando su precioso cuerpo casi desnudo. Por la noche, después de cenar, mientras veían la tele, Marta dijo que iba a ir al baño a depilarse las piernas. Yo me adelanté y fingiendo que iba a mear, fui a coger una de las revistas que había guardado y metiéndome en el baño la introduje en un cajón del mueble del lavabo, dejándolo entreabierto. Salí del baño y dije que me iba a tomar el aire. Al salir de la casa, fui a la ventana del cuarto de baño. Al momento se encendió la luz y entró Marta. En seguida vio el cajón entreabierto y al ir a cerrarlo vio lo que había dentro. Sacó la revista y al ver cuál era su contenido, cerró la puerta y se puso a hojearla. Un minuto después se sentó en la taza del váter, se bajó las bragas hasta los tobillos y mientras sujetaba la revista con una mano se puso a masturbarse con la otra. Yo, desde luego, hice otro tanto.