1. Mi madre se vuelve adicta a mi verga


    Fecha: 01/01/2022, Categorías: Incesto Autor: Crusnik, Fuente: CuentoRelatos

    IVÁN
    
    Recuerdo la primera vez que la vi como mujer. Estaba en la adolescencia, abrí la puerta del baño: somnoliento, sin percatarme que se estaba bañando: vi la blancura de su piel, sus tetas con pezones marrones, su coño totalmente peludo, su cuerpo olía tan bien y brillaba. La vi tan hermosa. La mujer más hermosa del mundo. Desde entonces se convirtió en la protagonista de mis pajas y sueños húmedos. Hasta que ingresé a la universidad y conocí a mi novia.
    
    Mi mamá se llama Carmen, de estatura normal, tez clara ligeramente amarilla por ascendencia japonesa, cabello largo y negro, ojos marrones claros, pestañas largas, su cuerpo está bien a pesar de dos hijos y 52 años encima. A pesar de que enviudó hace casi 15 años siempre lleva su anillo de casada.
    
    A mi novia Alejandra le excitaba que la compare con mi madre. Sus mayores orgasmos se daban cuando fingía ser mi madre gritando: “¡Cógeme! Como a tu madre”. Con ella aprendí la pasión del sexo, a controlar la eyaculación precoz, conocer el cuerpo de una mujer y buscar los puntos de mayor placer. Al cabo de un tiempo terminamos, pero nunca olvidaré lo que aprendí de ella.
    
    Me mudé a mi propio departamento para no tener la tentación de besar a mi madre. Todo estaba bien hasta la boda de mi hermana. Mi mamá tomó un poco, la llevé a casa. Se tambaleaba y se pegó a mi cuerpo, sentí la suavidad de su piel, el olor de su cuerpo, su aliento aunque con un poco de alcohol olía bien. La ayudé a subir, la llevé a su habitación. ...
    ... Llevaba un vestido largo (hasta los talones) de una pieza sostenido con solo un par de tiras, que dejaba ver adivinar el contorno de sus curvas.
    
    La ayudé a subir a su habitación, una de las tiras del vestido cayó dejando ver su sostén, quité el otro. El vestido se deslizó por sus piernas dejándola solo con la ropa interior. Besé su cuello, mi madre suspiró. Nuestras lenguas se enlazaron en un húmedo beso francés.
    
    La acosté en la cama y besé su cuerpo. Besé su cuello, lamí sus orejas y sin decirnos nada, levantándose un poco, aflojé su sostén. El espectáculo de sus tetas desafiantes me llevó a besarlas con ternura, aumentando mis caricias con mi lengua y mordiendo delicadamente sus pezones duros. Relamí cada centímetro de sus pechos, hasta llegar a sus sobacos lo cual me pareció increíble, pues ella se retorcía producto del placer.
    
    Adoro todo lo suyo. Bajé mi lengua por sus caderas y tiré de su tanga con mis dientes hasta sus rodillas. Me concentré en la parte de atrás de sus rodillas, ya que es el punto erótico de Alejandra. Mi madre gemía, en su calzón se podía una gran humedad formándose. Deslicé sus bragas pasando sus dedos por su vagina peluda. Sonidos acuosos y un olor fuerte llenaron la habitación.
    
    Sumergí mi boca en toda la extensión de sus labios vaginales, chupándolos, pasando mi lengua por todo ese vértice de lujuria que ahora era mío y que estaba dispuesto a beber por todo el tiempo del mundo. La besé y chupe con ferocidad, como un poseído, relamiendo sus ...
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