1. El regalo navideño


    Fecha: 19/01/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos

    ... cómo siempre.
    
    Estaba equivocado, volvió a escribir:
    
    -No me fui.
    
    -Ahora no me queda más remedio que follar a mi mujer.
    
    -Sí. Hazlo. Cógela y fóllala. De improvisto. Cómo harías conmigo.
    
    Recordé que dejara el teléfono móvil sobre la mesita de noche y fui a buscarlo al piso de arriba. Rosita, que era una joven de diecinueve años, guapa, morena, de cabello negro muy corto, ojos negros, tetazas, anchas caderas y que tenía un culazo, estaba inclinada haciendo mi cama. El teléfono móvil, con el cual cogiera el primer mensaje, estaba en una posición distinta a la que lo dejara. Me olió que Rosita estuviera escuchando la conversación. Tenté la suerte. Le eché la mano al coño. No se enderezó, dejó que mi mano tocase su coño. Me había tocado el gordo de Navidad. Le levanté la falda, metí mi mano dentro de sus bragas. Al poner la mano sobre el coño se me pringó de jugos, estaba chorreando.
    
    -¡Cómo estás, criatura!
    
    -Me puso cachonda su amiguita.
    
    Giró la cabeza, la besé, me devolvió el beso, me echó la mano a la polla, la encontró dura, y me dijo:
    
    -Se ve que a usted también lo puso.
    
    Se dio la vuelta y me sacó la polla.
    
    -¡Hostia! La tiene bien gorda.
    
    Se agachó y me hizo una mamada casi igual a la que relatara La Casada Gamberra hasta que vio que me iba a correr, entonces paró, subió la falda, bajó las bragas se metió en cama, se abrió de piernas y me dijo:
    
    -¿Le gusta? Estoy muy mojada.
    
    Subí a la cama, metí mi cabeza entre sus piernas y olí su coño. ...
    ... Olía a vicio, a lujuria, cerré los ojos y me vino a la cabeza Nuria, ese no es su nombre, pero voy a llamar así a La Casada Gamberra. Rosita estaba realmente mojada. Lamí de abajo a arriba arrastrando los jugos y con la lengua pringada de ellos chupé su clítoris y me los tragué. Rosita estaba super excitada. Quise abandonar el clítoris, pero me cogió la cabeza con las dos manos, y me dijo:
    
    -Siga ahí, siga ahí que ya me corro.
    
    No le hice caso. Froté el glande en su coño de abajo a arriba unas veinte veces, después se lo metí en el coño. Lo tenía estrecho y entró muy apretado, lo volví a sacar, froté el glande en su clítoris y al ratito oyendo sus gemidos me corrí sobre él, después volví a meter mi cabeza entre sus piernas y lamí el coño perdido con sus jugos y mi leche. Rosita me dijo:
    
    -¡Es de los míos!
    
    -¿También eres una cochina?
    
    -Una guarra, eso es lo que soy.
    
    -¿Entonces como cómo un cerdo?
    
    Me agarró la cabeza con las dos manos, me la llevó al coño y me dijo:
    
    -Coma, vicioso, coma hasta que se harte.
    
    Lamí de abajo arriba unas seis veces, y transversalmente otras seis o siete, diez o doce alrededor y se derritió levantando la pelvis y diciendo:
    
    -¡Diosss!
    
    Al explotar fue cómo si le diera un calambre. Después se corrió sacudiéndose y gimiendo. Yo tenía un empalme de cojones. Nada más acabar, y aun tirando Rosita del aliento, le di la vuelta, la puse a cuatro patas y le lamí el culo cómo lo haría un perro, después se la clavé en el coño y la follé a ...