1. Agustina y el violador


    Fecha: 31/01/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    En un barrio gallego de Pontevedra de cuyo nombre me acuerdo bien, se sucedieron una serie de violaciones que nunca salieron a la luz, ya que violador era para las violadas lo que para sus abuelas fuera Rodolfo Valentino. Algunas se contaban entre ellas lo sucedido pero no lo denunciaban. Voy a contar el caso de Agustina.
    
    Agustina, era una mujerona que dejaría a las tres gracias de Pedro Pablo Rubens a ras del suelo, había ido a comprar al supermercado. Renato, un hombre maduro, alto, muy fuerte, vestido con traje negro, camisa negra, con zapatos y sombrero de ala ancha del mismo color y ex ladrón de guante blanco (hacía unos meses que comprara un piso en el barrio), enfrente de una estantería y con una botella de whisky en la mano, la miró y parece ser que le gustó lo que vio, ya que se tocó el ala de su sombrero, sonrió e inclinó levemente la cabeza, Agustina le devolvió la sonrisa, Renato fue a su lado, y le dijo:
    
    -¿Qué hace una belleza cómo tú en su tiempo libre?
    
    Agustina, se puso de uñas.
    
    -¡¿Me estás pidiendo una cita siendo mi marido amigo tuyo?!
    
    -Estoy, y no somos amigos, somos conocidos.
    
    Se hizo la escandalizada.
    
    -¡Estás loco de atar!
    
    -No, estoy en una edad en la que no me gusta perder el tiempo. No estoy para enamorar ni tampoco para engañar, si veo una mujer que me gusta me tiro de cabeza al vacío.
    
    Agustina se lo follaría allí mismo o en los servicios del bar de enfrente, pero se hizo la decente, y le dijo:
    
    -Pues esta piscina ...
    ... está sin agua. Te acabas de dar un batacazo, Renato.
    
    El hombre se tocó de nuevo el sombrero, bajó la cabeza, y le dijo:
    
    -Te follaré, Agustina, siempre follo con quien me gusta.
    
    -Sueña, Renato, sueña.
    
    Al llegar la noche, tumbada en cama al lado de su marido, que ya hacía rato que se había quedado dormido, se tocó las tetas y se dijo a si misma:
    
    -¡Qué polvazo tiene Renato!
    
    Cerró los ojos y se imaginó en una isla desierta bajo unas palmeras, con Renato echado a su lado, los dos desnudos. Sus grandes manos amasaban sus tetas, sus dedos apretaban los pezones -su marido comenzó a roncar-. Se destapó, se quitó el camisón y las bragas, abrió las piernas y acarició su clítoris con cuatro dedos. Fantaseando que era Renato el que la masturbaba, se metió un dedo en el coño... Aún estaba muy poco lubricada. Imaginó que el dedo era su polla y con la otra mano, amasó las tetas. Al rato, eran dos los dedos que entraban y salían de su coño y los que subían a su boca para chuparlos. Poco después ya tenía que hacer esfuerzos para no gemir... Le llegó el delicioso aroma de un perfume desconocido para ella (era Bleu de Chanel).
    
    Abrió los ojos y vio en medio de la oscuridad y al lado de la cama la figura de un hombre alto con sombrero. ¡Era Renato! La estaba mirando. Tenía una gran pistola en su mano izquierda y la verga erecta en la derecha. La excitación de Agustina era máxima... El miedo se mezclaba con el deseo, miedo porque no sabía si venía a robarlos, a matarlos o a ...
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