-
El osteópata (Capítulo 1): Una nueva clienta
Fecha: 02/03/2022, Categorías: Confesiones Autor: molly625, Fuente: CuentoRelatos
... todos os gustan afeitadas. ¿Sí o no? -Dijo con su sonrisa pícara. Tenía toda la razón. No creo que a todos les gustara, pero acertaba de pleno al decir aquello. Me volvían loco las chicas recién rasuradas. Y me encantaría que se bajara las bragas y me enseñara todo y poder tocar algo tan suave, pero intentaba mostrarme como un profesional, aunque estaba empezando a flaquear. -Tú te lo pierdes Sandro. Estas oportunidades pasan una vez en la vida. ¿No te arrepentirás? No respondí a aquello e intenté seguir con la sesión con normalidad. Me coloqué al frente de la camilla y continué con los movimientos de articulaciones para mejorar la movilidad. Había notado que en su tobillo izquierdo tenía un pequeño bloqueo que no le permitía la misma torsión que su otro tobillo, por lo que hice toda la fuerza para hacerlo crujir y conseguir recuperar toda la amplitud de giro. Mientras, noté como algo rozaba en mi pantalón. Patricia seguía a lo suyo, y con el pie derecho empezó a tocar en donde no debía. Con la yema de sus delicados dedos bajaba y subía desde la base de mi pene hasta la punta. Estaba tan empalmado que ya no había forma de disimular nada, y se me marcaba totalmente por encima del chándal. Patricia tenía unos pies preciosos. Traía las uñas pintadas de negro en esta ocasión. Había aprovechado para tocarlos mientras hacía los estiramientos, y los tenía muy suaves por el empeine. Me ponían demasiado los pies bonitos, era uno de mis fetiches. Ella seguía subiendo ...
... y bajando, acariciando mi pene y consiguiendo que la erección fuera todavía a más. Me di cuenta de que sin querer, había dejado de hacer movimientos con su tobillo, y simplemente tenía agarrado su pie derecho, dejándome llevar por el placer de su masaje. Incluso había cerrado los ojos un rato. Decidí que aquello tenía que parar. Era demasiado peligroso. Apoyé su pie en la camilla y me giré hacia mi escritorio. -Patricia, tienes que irte ya. Todo esto es muy tentador, pero tengo que continuar trabajando. Si alguien se diera cuenta de esto podría perder todo... Ella empezó a levantarse de la camilla, y se acercaba hacia mí. -Perdóname Sandro. Yo solo quería jugar un poco. He sido mala, lo reconozco. Mientras hablaba, seguía acercándose a mí, y yo ya había retrocedido hasta mi escritorio y no me quedaba más espacio de huida. -Quiero pedirte perdón de la mejor forma que sé... Patricia se puso de rodillas delante de mí, me miró a los ojos, durante unos largos segundos, desde allí abajo, y luego acercó su cabeza a mi pantalón, y empezó a moverla lentamente masajeando mi pene con ella. Notaba su boca rozando, su nariz cuando pasaba, y todas las partes de su cara cuando se apretaba contra mí. Noté como abrió la boca y volvía a moverse de abajo hacia arriba, y lentamente de arriba hacia abajo. El calor de su aliento llegaba a mi piel, traspasando la tela. No pude responder ni hacer nada. Me había vencido con sus artimañas. Consiguió que me olvidara de la sesión ...