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Tortuosa justicia sexual
Fecha: 06/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
... carne. Satisfecha, finalmente cesó el hostigamiento. –Y quiero esos ejercicios terminados para cuando regrese. –Finiquitó antes de perderse en los oscuros pasillos, contoneando sus nalgas sobre sus tacones altos con gran arrogancia, dejando al pobre muchacho con la tranca parada y adolorida. Por fin Luis logra reaccionar y se viste nuevamente, sucumbiendo finalmente al llanto que desahogaba desconsolado, aún temblando y lesionado. Así habría de terminar sus labores del día, y las tareas encomendadas por su despiadada tía. Esa noche, tras otra enfrascada discusión, le tío Gerardo se marcharía de nuevo, esta vez con todo y maletas, para no verse más. Desde ese momento la cabeza de Luis daba vueltas sin control, al borde de la locura. Era una etapa muy difícil en su vida, y esa maldita estadía en aquella casa del terror lo complicaba aún más. Esa mezcla de miedo, ansiedad, sexo, excitación, estrés y cansancio, pronto acabarían con él. Luis barría las escaleras principales, consciente de terminar lo más pronto posible, pues esa tarde tendría cita con su tía quien continuaría el temario con uno de los más complejos bloques en química. En esa ocasión, Luis se esforzaría de sobremanera para disponer de toda su concentración, única y exclusivamente en el nuevo tema, intentando dejar de lado sus impuros deseos y sus molestias personales. Sin embargo, aunque en un principio había entendido un poco los procedimientos, ya por la tarde se veía sobrepasado con los ...
... ejercicios impuestos por su tía. Estos habrían sido demasiado complejos para su edad. Por más esfuerzo que desempeñaba no conseguía encontrar los resultados de aquellos problemas. Con la presión encima, Luis entraba en pánico. Si no conseguía resolver la tarea, una fuerte reprimenda le esperaría el día siguiente, pero, si molestaba a su tía, aquel regaño solo se apresuraría. Entonces se rindió, suspiro profundamente y emprendió camino, libreta en mano hacia la habitación de su tía en busca de su ayuda. A las puertas de su recamara, Luis tocó un par de veces, sutilmente, como si la puerta de madera se fuese a desquebrajar en sus manos. Muerto de miedo esperó respuesta. Y esperó. Y esperó. Pero no escuchaba nada tras el portal. Quizá había golpeado con demasiada sutileza y no se habría hecho escuchar. Pero Luis no se arriesgaría, preferiría un duro castigo el día siguiente y no uno ahora y otro al amanecer igualmente. Caminó de regreso por donde llegó, silenciando sus pasos cual ratón caza gatos, cuando finalmente la tía Margot atendía. -¿Qué demonios quieres Luis? –Preguntaba asomando la cabeza por su puerta sin dejarse ver el resto del cuerpo por completo. –Es que no logro entender el problema tía. –Le decía Luis balbuceando. –Pero no puedes ser más idiota. Es una simple ecuación de segundo grado. -Explota su tía asqueada y fastidiada. Habiendo encontrado con la negativa contundente, Luis se marcha a paso lento, cuando le detiene. –Anda, pasa, no tengo tu tiempo. –Le ...