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Tortuosa justicia sexual
Fecha: 06/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Erothic, Fuente: CuentoRelatos
... ella. Entonces la muy inhumana señora arrimó una silla para sentarse frente al chico, posando sus tacones altos sobre su barriga, sin ningún remordimiento. -¿Te divierte ser un alfombrilla? Ahora ya no debes pensar en nada. No más estudio. Serás el orgullo de una casa bien adornada. Luis estaba devastado. Había caído en lo más bajo de su depresión que jamás antes había llegado. Las lágrimas corrían por su rostro, pero aún lograba resguardar su llanto detrás de sus labios sellados con gran esfuerzo. Su tía seguía sentada con su característica arrogancia, descansando sus largas piernas sobre el pobre muchacho, quien no podía más que mirar las pantorrillas de su tía, forradas siempre en lencería negra, y sus zapatos altos pinchándole con el tacón sobre su abdomen. -¿Te sientes contento ahora? Tú lo buscaste. –Sí tía. Respondía el ingenuo joven. -¡Cállate! Los tapetes no hablan. –Explotaba enseguida su tía, al darse cuenta que había mordido el anzuelo. –Quieres utilizar tu boca para algo bueno, haz lo que los tapes hacen y cumple tu nuevo propósito. Amenazaba la Dra. Margot, enderezando su postura para poder colocar la punta de su zapato izquierdo sobre la boca su sobrino. –Límpialo. Es lo que las alfombras hacen ¿No? –Le obliga sin misericordia. Luis obedece. Lentamente comienza a besar las zapatillas negras de su tía, brillantes por el impecable y riguroso lustrado que las hacía ver como nuevas, pero nada era suficiente para la desquiciada señora. Nunca lo ...
... era. -Con la lengua. –Le decía, restregando su pie por toda la cara de Luis. Y no conforme con ello la infame Doctora comenzó a pisotearle por todo el cuerpo. Recorría su zapato por toda su piel expuesta cuerpo, haciendo presión en su abdomen y su pecho con la punta de su tacón, ensañándose especialmente en su entrepierna, estrujando su delicada piel íntima con las grotescas suelas puntiagudas sintéticas de su calzado. El sufrimiento era inaudito. Sentir toda esa violencia de los zapatos de aguja sobre su pene, su escroto y sus testículos, hacían a Luis restregarse de dolor. –Eres un buen tapete. Le decía con una desgraciada sonrisa maquiavélica en el rostro. -Anda Luis. Límpiame los zapatos que ya tengo que irme. –Le ordena. Y Luis reincorpora su lastimado cuerpo, se arrodilla frente a ella, y concede sus órdenes haciendo resbalar su lengua sobre el lustroso calzado femenino de su tía. –Sigue. –Le dice, levantando uno de sus pies para que le lamiera también sus pantorrillas, siempre forradas en sus medias de seda. Luis lo entiende. El sabor era desagradable, pero la textura no tanto. Olía a mujer y a lencería fina. Seguía avanzando desde sus tobillos, sus pantorrillas, sus rodillas y hasta sus piernas. Al llegar ahí, su tía separo sus piernas abriéndolas de par en par, mostrándole su sensual lencería roja al fondo de su falda cual se levantaba por encima de sus muslos, justo al final de sus pantimedias. Luis siguió, y su tía se lo permitía. Poco a poco llegaba ...