1. No me voy sin follarte el culo, tía


    Fecha: 19/04/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Mi tía Elvira estaba dormida sobre la cama con su bata negra abierta. El brazo izquierdo lo tenía formando una uve y el derecho al lado de su cuerpo desnudo. Tenía la cabeza girada hacia la izquierda. La pierna derecha sobre la otra dejaba ver parte del bosque negro de su pubis. Los rosados pezones de sus tetas eran grandes, lo mismo que sus pezones. A sus pies estaba la colcha gris y la sábana blanca, y bajo sus largos y rizados cabellos negros la almohada blanca.
    
    En la puerta de su alcoba estaba yo, que había venido a esconderme en la habitación de mi primo Pablo, ya que había hecho una de las mías, o sea quitarle unas pelillas a mi madre, y si volvía a casa iba a llevar con el cinto. No me podía creer lo que estaba viendo. Mi tía, la buenorra, la que pensando en ella hiciera más pajas que un mono estaba aún más cachonda de lo que me había imaginado. Comencé a sudar cómo un cerdo y mi polla me quería reventar la cremallera del pantalón vaquero. Me dio un arrebato de locura y me acerqué a la cama. De cerca la veía cómo el príncipe hubiera querido ver a la Bella Durmiente. Le acaricié la rodilla derecha y se abrió de piernas. Vi todo el bosque negro de su coño y no me pudo resistir. Se lo olí. Olía a gloria bendita. Le pasé la lengua por el corte del coño. Mi tía se despertó y se incorporó de inmediato. Con cara de enajenada, me dijo:
    
    -¡Qué haces, condenado!
    
    Me iba a largar de allí a toda hostia cuando sentí que se cerraba la puerta de la casa. Sabía que mi primo se ...
    ... fuera a casa de los abuelos, solo podía ser una persona, su marido. Mi tía me dijo en bajito:
    
    -Métete debajo de la cama.
    
    Me metí debajo de la cama. Mi tío al entrar en la habitación y verla, exclamó:
    
    -¡Coñooo! ¿Me estabas esperando?
    
    -¿Tu qué crees, grandullón?
    
    Vi cómo las ropas de mi tío caían al piso sobre los zapatos y luego cómo el metálico de la cama bajaba varios centímetros debido a que mi tío pasaba de los cien kilos. Luego fue un sube y baja del metálico, y un chirrido molesto a más no poder, tan molesto que aun oyendo los gemidos de mi tía no pude masturbarme. La hostia era que mi tío Javier tenía un infierno de aguante, ya que mi tía se corrió tres veces antes de que se corriera él y se echase a dormir.
    
    Poco después se oían los gritos de mi padre y de mi madre diciendo que volviera a casa que no me iban a hacer nada, lo que significaba que me iban a caer las del pulpo, daba igual que hubiera cumplido los dieciocho años. Hasta los veintiuno se creían con derecho a zumbarme.
    
    Más tarde, a mis padres se unieron mis abuelos y algunos vecinos, y lo que era una llamada a gritos se volvo una búsqueda con linternas y llamadas a gritos. Mi tío con los gritos no podía dormir, así que se le dijo a mi tía:
    
    -El cabronazo seguro que cayó en algún pozo. Voy a ayudar en la búsqueda.
    
    Se fue y salí de debajo de la cama. Me caía la cara de vergüenza. Me iba con la cabeza agachada cuando me dijo:
    
    -¿No querías comerme el coño?
    
    Levante la cabeza y vi que ...
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