1. En el cibercafé


    Fecha: 11/05/2022, Categorías: Gays Autor: Mauricio Adalid, Fuente: CuentoRelatos

    ... observado cuando nos encontramos y veía como cambiaba tu cuerpo, adquiriendo fortaleza y formas mejor desarrolladas. Nunca pensé en llegar a tenerte en mis brazos.
    
    -Usted me gusta, Profe. Siempre lo he buscado por que me agrada estar con usted y escuchar sus comentarios y pláticas, como el mejor de mis amigos.
    
    -Alberto… Beto… Ya eres todo un hombre.
    
    Mientras se lo decía, lo apretaba a mi cuerpo y sentía más presión en nuestros penes. Llegó un momento en el que nuestros rostros estaban muy cerca y podía sentir su joven aliento y su excitación. Me incliné ligeramente hacia él y besé su mejilla muy cerca de sus labios. Él volteo ligeramente y nos unimos en un apasionado beso, en el que nuestras lenguas exploraban todo. Sentía como chocaban y luchaban entre sí. Y nuestras manos empezaron a ser más audaces y recorríamos nuestra espalda y acariciábamos con ardor nuestras nalgas. ¡Qué momentos tan excitantes! Tener un hombre joven, fuerte, bien desarrollado, acariciándole cada centímetro de su cuerpo y él recorriendo el mío.
    
    Metí mis manos bajo sus bermudas y pude sentir una piel recubierta de fino vello. Lo aflojé lentamente y empecé a bajarlo. Saqué aquel falo que mostraba una erección formidable. Lo tomé en mis manos y lo sentí palpitante. Pasé mis dedos por su cabecita y palpé abundante lubricante natural. ¡No podía creerlo! Y estaba en mis brazos, sin restricción alguna y sin molestias… Él también tomó la iniciativa y desabrochó mi cinturón y abrió el pantalón. Su ...
    ... mano entró bajo mi trusa y apretó mi pene, que al igual que el suyo, estaba en su máximo esplendor.
    
    -Profe... mi profe... no sabe que a gusto estoy y que rico siento lo que estamos haciendo. Estamos a mil los dos… Que padre. Ni con mi novia me he sentido así… Y le aclaro que nunca lo he hecho con un hombre, pero usted siempre me ha atraído.
    
    -¿En verdad estas a gusto, Beto? No te sientas forzado a hacer nada que no te agrade. Nos podemos detener cuando tú lo decidas.
    
    -No, mi profe. Esto ya lo deseaba pero no sabía cómo lograrlo. Por eso vengo tan seguido a su cibercafé, pero nunca hablamos de cosas personales. Y ahora se está dando todo muy natural.
    
    Lo tomé de la mano y lo subí a mi oficina. Tenía en un rincón un saco de dormir que uso cuando salgo de comisión y debo dormir en algún ejido. Lo tomé y lo extendí. Lo abracé nuevamente y lo despojé de sus ropas. Ya cada uno nos habíamos quitado el calzado. Me arrodillé a su lado y lo atraje hacia mí. Tenía frente a mi rostro un hermoso pene, de unos 17 cm y tan grueso como una moneda de diez pesos. De su ojito salía una hebra del famoso precum, esa dulce sustancia que le da sabor a la vida. Introduje su glande en mi boca y la sentí cálida y palpitante. Apreté con mis labios y jugaba con la lengua. Disfrutaba su dulce néctar que extendía por mi paladar. Empecé haciendo un movimiento de vaivén que luego fue hecho por él mismo. Sentía como entraba y salía de mi boca, hasta llegar a mi garganta. ¡Que delicioso sentimiento y ...