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El primer encuentro: Juan y Gabriel (1)
Fecha: 17/05/2022, Categorías: Gays Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos
No nos saludamos mucho, porque nos habíamos dicho ya lo esencial antes, por el correo, aunque fuera a aquellas horas de la noche. Ya sabíamos lo que nos apetecía hacer, si bien yo tenía miedo, como me solía suceder, ante este hombre que conocía en imagen pero del que no podía saber cómo respondería, cómo olería, qué tono tenía su voz... No nos saludamos mucho, sólo una sonrisa, hola, hola, y nuestros nombres. Cerré la puerta. Se notaba algo de frío ya, habíamos tenido que esperar para conocernos al otoño, desde el verano. De todas maneras yo también estaba temblando de nervios, impaciente a la vez que deseoso de marcharme de allí porque temía no estar a la altura, no portarme como debía, decir alguna tontería. Me acerqué a Juan y le tomé las manos, que me habían llamado la atención en las fotos, por la fortaleza que parecían tener. Le besé la palma de las manos, las llevé a mi cintura y luego fui subiendo yo las mías por sus brazos, hasta el hombro. Era como si fuésemos a bailar. Me acerqué más a él y, diciendo otra vez su nombre, lo acabé con un beso. Él me respondió suavemente, igual que yo le había besado. Estábamos empezando a conocernos, ese sí era un baile que empezábamos de cero. Volvimos a besarnos, esta vez más fuerte, abrazándonos ahora, sintiendo el otro cuerpo, el calor, la presencia en la cabeza y en los músculos tensos. Ahora las lenguas se tocaban, se reconocían, aprendían otro sabor, las rugosidades y las lisuras, el ir y venir de las lenguas se ...
... acomodaba a los pequeños movimientos que hacíamos para acomodarnos a los besos sin más palabras. Juan, volví a decir en voz baja. Era ya un suspiro, era satisfacción de mirarle de cerca, la barba, los ojos. Empecé a besarle la barba, los labios, el cuello. Sin decirnos mucho nos fuimos quitando la ropa, qué más necesitábamos. Él ya me había visto, yo me había dejado llevar por el deseo sin objetivo que tenía acumulado, pero su cuerpo era un descubrimiento. Le fui acariciando los pezones, los lamí, le acaricié la fuerte espalda, pasé las manos desde atrás hasta la cintura, besé el ombligo, otra vez los pezones, los dedos que tanto me gustaban. Él me correspondía, lentamente, como habíamos quedado que nos gustaba, rozando la piel enteramente. Ahora los pantalones. Yo me agaché antes de que se quitara el calzoncillo, para lamerlo, lamer el exterior del pene, que se veía estaba excitado. Toqué los testículos, levemente volví a acariciar sus pezones mientras le iba lamiendo el exterior del calzoncillo, que iba bajando cada vez un poquito más. Por fin lo descubrí por completo. Estaba excitado y se erguía, yo me aproximé y besé la punta, mientras llevaba las manos a los testículos con la mayor suavidad. Saqué la lengua y fui recorriendo el pene de arriba abajo, de abajo arriba, antes me había quedado seco por los nervios, ahora la saliva parecía milagrosamente recuperada. Fui mojando su verga imponente, y luego me la metí en la boca, poco a poco, saboreando cada segundo, cada ...