-
Amistad Rota. Cola Rota
Fecha: 19/05/2022, Categorías: Gays Autor: zumurrud, Fuente: CuentoRelatos
... macho, en un trío que ella me había pedido de hacer. Creí que estaba disfrutando tanto como yo, pero más adelante me daría cuenta de que no. En un momento advierto que la chupada de cola de Cristian iba más allá. No era una simple manipulación de mi cola a lengüetazos, sino que evidentemente me estaba preparando el orto para que pueda alojar en él su pedazo. Mis sensaciones eran encontradas. Por un lado dudas en cuanto a lo hablado y pactado con Maia, por otro, mis ganas de tener dentro de mi orto semejante tronco venudo. Quería esa pija con várices como yo la había bautizado, dentro de mi cola. Obviamente que en ese momento, mis dudas dejaron de ser dudas cuando sentí un suave apoyo en mi asterisco de la cabeza de la chota de Cristian… y para ser sincera… al natural, sin forrito. Lo único que atiné fue a agarrarme más fuerte de las sábanas, arquear bien mi espalda, separar mis rodillas y relajar mi abdomen, para recibir plácidamente tremenda poronga. Con el rabillo del ojo veo como Cristian pone sus pies arriba de la cama, al costado de mi cuerpo, para clavarme bien desde arriba, flexionando sus piernas. Me toma con fuerza por la cintura con sus manos, también para ayudarse a sostener esa posición tan placentera, pero también tan exigente físicamente. No iba a ser un problema para él. Era un tipo muy atlético. El problema iba a ser mío para bancarlo. Con suaves empujones, comenzó a meter centímetro a centímetro la verga en mi cola, sin forrito, a ...
... pelo. Mi sensibilidad en mi cola me permitía sentir como su cabeza iba avanzando pliegue a pliegue mi culito, muy suavemente, sin violencia, hasta alojarlo en su totalidad, chocando su abdomen contra mis nalgas, muestra ello de que estaba enterrada hasta los huevos. Y Maia? En silencio, sólo limitando su intervención a mirar y a acariciar mi espalda, seguramente percibiendo ella de ésta forma que semejante penetración, había puesto mi piel de gallina. Cristian intensificó el garche. Como un auto, a medida de que avanza al subir sus cambios de velocidades… primera… segunda… tercera… cuarta… quinta… y Cristian era un auto de alta gama… tenía sexta velocidad… y así me lo hizo saber con sus pijazos. Una mano en mi cintura, la otra mano de Cristian apretando mi cuello y mi cara contra el colchón de la cama… y la pija remachando y remachando. Me sentía liberada completamente. Eso hizo que pudiera gozar, quejarme ante cada empujón de pija en mi cola, pedir más, lloriquear ante cada sensación de dolor, relajar mi esfínter ante cada sensación de placer. Si bien había perdido noción del tiempo, mi cola me hacía saber que hacía tiempo que la estaban bombeando con demasiada intensidad. Creía que Cristian no iba a acabar nunca… me había engañado el sabor a líquido preseminal cuando se la había estado chupando… una falsa alarma. Si bien estaba gozando como una perra, paralelamente me estaba haciendo mal la cola. Ante cada retiro hacia atrás que hacía, me llenaba de aire la ...