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Hermanos universitarios
Fecha: 14/07/2022, Categorías: Incesto Autor: donescrytor, Fuente: CuentoRelatos
... una tremenda vergüenza, sobre todo porque mi verga estaba realmente dura. - A ver, Don vergoncito, ¿por qué no destapas para ver cuál es tu bulla? - Oye, ¿estás loca?, Cierra la puerta. Laura puede pillarnos y… - Está dormida. A ver. Tú me viste el culo, y yo no te he visto nada. - Adriana, no seas pesada, tú también me viste el culo por el vidrio. Yo te mostré primero. Estamos a paz. - Lo tienes chiquito, eso es lo que pasa. Su voz me retó. Su actitud pasó de la burla a la soberbia. Eso me fastidió. En un arranque de orgullo, quité mis manos y se la presenté con el gesto más obsceno que pude hacer con mi cadera y dando un leve paso hacía ella. - Entonces, si tanto me la quieres, ver. Toma, aquí la tienes. Sus ojos parecieron impasibles mirando mi verga. Me sentí atrevido, demasiado para mi gusto, pero hallé que ella misma me había retado y llevado a hacer semejante grosería. Me miraba sin expresión en su cara. No supe cuantos segundos fueron. Tal vez cuatro o cinco, pero me resultaron eternos. Mi verga se balanceaba hacia arriba y hacia abajo por mi movimiento leve, pero vulgar, de mis caderas. Ella finalmente emitió una leve sonrisa mientras se ajustaba el pantalón nuevamente. - Juan, en serio. ¿Se te puso así por mi trasero? – su voz adquirió un tono melodramático. - Adriana, ¿y a quien no? No me dijo más nada. Cerró ella misma la portezuela y me preguntó si todavía me demoraba en la ducha. Sentí frustración. Tenía vergüenza, ...
... excitación y rabia. Me sentí como un juguete de sus caprichos. No supe para qué carajos quería verme la verga. - No, no me demoro. Solo me voy a quitar el champú y salgo. ¿Por qué lo preguntas? - Es que en realidad, no solo necesitaba mear, también me venía a duchar. - Bueno, ven, entra y te duchas. Nadie te lo está impidiendo – le dije intentando retomar un tono de broma. - ¿Crees que no soy capaz? - No he dicho nada Adri, no te pongas pesada. Yo me había volteado para cerrar la llave. Cuando escuché la puerta correrse otra vez, me giré y me hallé con su cuerpo completamente desnudo frente a mí. Nos miramos la cara. Habíamos pasado la línea. Yo le miré sus senos grandes y caídos. Eran los senos más sensuales que hasta ese momento me había topado tan cerca. Su mirada era retadora. Adriana miraba mi pecho, mi pubis y mi verga que recobraba su plena dureza. Yo me atreví a mirar directamente su sexo. Su vello púbico era abundante para sorpresa mía. Pensé que se rasuraba como mi novia Patricia. Pero su triangulo oscuro me pareció tremendamente erótico. No hubo palabras. Ella entró en la cabina. Yo no sabía bien como disponerme, que hacer o que no hacer. ¿Se suponía que debía yo salir de la cabina? Adopté una actitud reactiva a la espera que fuera ella quien tomara las iniciativas. - ¿Y Lau? – pregunté - Ya te dije. Está dormida. No seas tan miedoso – me decía mientras envolvía con agilidad su cabellera en un gran moño sostenido por un peine para no mojar su ...