-
Todo por un culo
Fecha: 17/07/2022, Categorías: Gays Autor: Gerardjking, Fuente: CuentoRelatos
En mi país el servicio militar es obligatorio para los jóvenes que han cumplido los dieciocho años. Yo, junto a otros trecientos hombres, marchamos debajo del sol por cada sábado del año. Lo único bueno del servicio, y el único motivo que nos alentaba ir, era nuestra seria y dura maestre, Emilia Zoto. Una militar de treinta años, morena con un rostro fino y un culo de infarto. Los demás maestres nos decían que la chigaban a diario entre varios, y es que ella siempre vestía con pantalones ajustados. Con una comandante así siempre queríamos marchar a cualquier lugar y a cualquier hora para ver esas nalgas moverse. Me prendía cuando nos hablaba duro durante las prácticas. Nos decía poco hombres cuando no cumplíamos con nuestros ejercicios. Un día ella nos cachó a mí y a otros dos compañeros hablando sobre su culo. Se enojó tanto que nos dio una tremenda regañiza y nos ordenó dar tres vuelta por toda la cancha. Apenas pudimos dar dos vueltas corriendo. Ella se apiado de nosotros y nos detuvo en un punto alejado de los demás. Emilia se sentó en una silla y nos ordenó hacer cincuenta lagartijas. Ella hablaba mientras las hacíamos. —Todo esto por mi culo. —Haría esto y más por tener su culo —susurró Ivan que estaba a mi derecha. —¿Qué dijiste? —¡Nada, mi maestre! —Yo soy demasiada mujer para ustedes, niñitos de mamá —comentó entre risas juguetonas. —He penetrado culos más grande que el de usted —dijo Ignacio que estaba a mi izquierda. —¿Qué fue lo ...
... que dijiste? —Usted me escucho perfectamente, maestre. —levantó la cabeza y le brindo una firme mirada a Emilia. Yo ya estaba pensando que nos daría la madriza de nuestras vidas pero lo que sucedió nunca me lo imagine en mis sueños más húmedos y oprimidos. —¡Firmes! ¡Ya! —ordenó mientras se levantaba y marchaba hacia nosotros. Nosotros nos levantamos y nos pusimos firmes. Ella se acercó, nos miró de cerca a cada uno y después sonrió. —Quítense los pantalones. —¿Qué? —la cuestione por la rareza de su orden. —Quítense los pantalones —repitió con más dureza—. Quiero ver como ladran muerden. Me puse muy nervioso y dude en hacerlo, pero Ignacio ya tenía los pantalones abajó. Ivan no tardo en seguirlo así que no tuve más remedio que tragarme mi vergüenza y hacer lo que me ordeno. Todos bajamos la mirada por instinto. Los penes de Ivan e Ignacio eran grandes, no estaban del todo erecto y ya median como 17 centímetros. Mi pene era un pobre chiste comparado con el de ellos. Emilia se echó a reír mientras me agarraba la verga sin tener ninguna gentileza. —Definitivamente soy mucha mujer para ti —dijo riendo—, pero tus amigos, —Estiró los brazos acariciando las vergas de mis compañeros que ya empezaron a endurecerse—, con estos tremendos rifles tal vez si sean capaces de rellenarme de plomo. —Se lo dije perra —hablo Ignacio con orgullo y se ganó una potente cachetada. —Que insolente eres —le dijo Emilia—, pero dotado. Les propongo un trato, chicos. Le ...