1. Con las amigas de mi novia en casa


    Fecha: 24/07/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... para asegurarme de que saldría la mayor cantidad de semen posible.
    
    Tenía la polla a punto de reventar. El líquido preseminal ya manchaba toda la cabeza de mi polla y mi mano. Entonces pasé a la acción. Me coloqué el pantalón como pude, Abrí la puerta y le dije a mi novia, que estaba en el sillón con sus amigas:
    
    - Oye, ¿puedes venir un segundo? A ver si me puedes ayudar. Es una duda rápida, 5 minutos.
    
    Las tres me miraron. Ella se levantó sin decir nada y entró en la habitación. Cerré la puerta, la cogí, y pegué mi polla a ella para que notara mi excitación. El corazón me latía a mil. Y la polla también. Pensé que me corría ahí mismo.
    
    La besé y metí la mano por dentro de su camiseta. La acaricié los pechos y me restregué contra ella. Notaba que ella también estaba excitada.
    
    - ¿Tu crees que puedes hacerme lo que me has hecho? - Le dije
    
    - Si. - Respondió secamente, mientras sonreía
    
    - Ayúdame a correrme, por favor.
    
    Sabía perfectamente que me iba a decir que no.
    
    - Ni de coña. ¿Te molesta mucho esto? – Dijo mientras me agarraba la polla y se reía.
    
    Quité su mano, me desabroché el pantalón y saqué mi miembro duro como pocas veces en mi vida.
    
    - Chúpamela ...
    ... un poco por favor. Solo un poco.
    
    Miró mi polla, que daba pequeños saltos por la excitación, completamente involuntarios. Me miró a mi y se agachó despacio mientras la agarraba con su mano.
    
    La lamió de abajo arriba, saboreando el líquido preseminal que la impregnaba, y se metió la mitad en la boca, acariciando la cabeza con su lengua. Yo la sujeté ligeramente la cabeza y sonreí. Mi venganza estaba completada. Disimulé mis gemidos todo lo que pude, mientras mi polla disparaba largos y densos chorros de semen. Había acabado cientos de veces en su boca, pero esta fue memorable. La cantidad de corrida fue bestial. Mientras ella me miraba con sorpresa, parte de mi leche caliente se empezó a escurrir por sus labios.
    
    Tras el impacto inicial (nunca mejor dicho) ella siguió mamando, hasta que se aseguró de que todo había salido de mí.
    
    Entonces se levantó, fue al baño y escupió en el lavabo la carga que tenía en su boca. Yo estaba quieto intentando recuperarme del monumental orgasmo, cuando me miró, y me dijo, mientras se reía:
    
    - Eres un puto cerdo, que lo sepas.
    
    Yo me reí con ella. Se acercó, me dio un beso, se agachó para darme una última chupada, y volvió con sus amigas 
«12»