1. Cinco horas


    Fecha: 02/08/2022, Categorías: Incesto Autor: tranque, Fuente: CuentoRelatos

    ... fuerte, total la casa es grande y los vecinos no escuchan nada. La habitación está llena de muebles viejos, todos de madera, menos la cama que tiene las cabeceras de bronce, toda llena de dibujos en relieve, resaltan sus cuatro patas que se prolongan hacia arriba terminado en unas puntas decorativas, de unos treinta centímetros, en donde antes de llegar al extremo tienen unas bolas de bronce, del diámetro de una pelota de tenis. La descripción tan minuciosa de la cama tiene una razón que paso a explicar. Ese día sonaba en mi reproductor, la canción de Joe Cocker “You can leave your hat on” y no podía dejar pasar la oportunidad de bailar, tocando la punta de la cama como si fuera un falo al que chupaba sensualmente. Tal era mi calentura que decido ir un poco más lejos con mi baile sensual, subo una pierna a la cama y me inserto la punta en la vagina como si fuera un consolador y me masturbo, pero no estaba conforme, decido cambiar de agujero.
    
    Hice algo de lo que podría arrepentirme, pero después de lo que paso, no. Me pongo en puntas de pie y me siento lentamente sobre la punta de bronce, primero la lubrico con lo que tenía a mano, crema humectante y la empiezo a meter en el culo, bajo despacio hasta que hago tope con la bola de bronce y luego subo despacio, me estaba violando una cama. Estaba muy excitada, era penetrada por el culo a un ritmo muy sensual con la música ideal de fondo, me sentía una estríper, una puta.
    
    De repente pierdo el equilibrio, estaba de puntas de ...
    ... pie sobre un piso recién encerado, patino y me incrusto de golpe casi los treinta centímetros del metal, también entro la bola de bronce. El dolor me dejó sin aliento, me dejó inmóvil, ensartada. No lo podía creer, quedé paralizada, el dolor se convirtió en miedo, y el miedo en pánico. Siento el frio metal dentro de mi cuerpo, me llegaba al vientre y podía sentir su dureza. Estaba en un grave problema.
    
    No sabía cómo podo entrar semejante bola, pero iba a tratar de sacarla. Intento elevarme con lentitud estirando las piernas, puedo sentir como baja la bola por mi abdomen, pero no logro subir lo suficiente como para que asome la bola, mi ano lo impedía. Empiezo a preocuparme, sentía miedo. Me relajo y nuevamente sube la bola por mí abdomen, me quedo quieta y pienso que puedo hacer, estaba sola y no quería empeorar la situación. Miro el reloj que hay sobre la cómoda frente a la cama y eran las diez de la mañana, el único que me podría sacar de este problema era mi hijo, pero llegaría a las tres de la tarde, debería esperar cinco horas para que me rescate. La sola idea de que mi hijo me vería en esta situación me daba muchísima vergüenza, pero después de pensarlo un rato fui cambiando de idea. Así empalada como estaba empiezo a tocarme la vagina, me froto el clítoris y me masturbo, no pasa ni un minuto que acabo en un largo chorro sobre el piso, aunque soy muy calentona, no me pasa muy seguido, realmente estaba muy excitada.
    
    Ahora la vergüenza se convirtió en deseo, pero la ...
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