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La historia de Ángel, solo era un muchacho (52/59)
Fecha: 22/08/2022, Categorías: Gays Autor: Albany, Fuente: CuentoRelatos
Había resultado increíble el polvo que me había dado aquel joven aun, sin terminar de formar su cuerpo y de apariencia desgarbada. la pastilla que Eduardo le había hecho tomar le mantenía la barra de carne morena y gruesa continuamente dura y con las venas que estallaban. Me hacía gritar entre suspiros y sollozos, quejas que no era tales si no la expresión suprema de mi placer. -¡Ummmm! ¡Qué rico sabe! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Fóllame Yasin, dame verga amor. -repetía cada vez que la polla entraba con fuerza en mi vientre reventándome las paredes, causándome un ligero y soportable dolor al vencer la resistencia de mi recto, y lo abría para penetrar donde nunca nadie, solo él, había conseguido llegar. -¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! - gruñía Yasin cuando sacaba su verga reluciente y bañada en jugos de mi vientre. -¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma! -cambiaba la canción según el ritmo de las entradas de la verga, empujando las caderas hasta chocar sus huevos henchidos de semen contra los míos. Terminamos en ese postura, suficiente para que en diez minutos gritara y moviera el culo apretándole la verga al llegarme la leche hasta la punta de la polla y saliendo en disparos cortos y abundantes. Me permitió que fuera el primero en correrme, y él aguantó hasta verme relajado, satisfecho al dejar de aprisionarle el pene con la presión de mi ano, continuó entrando y saliendo pero ahora a mucha velocidad y sacando una pequeña porción de verga para volver a meterla con ...
... enorme fuerza. A pesar de terminar de vaciarme los huevos gozaba al sentir la maza de carne ocupando todo mi ser y llenándome. Empezó a vaciarse los huevos en el fondo de mi culo, muy al fondo de mi tripa, y sentía el calor de la simiente cuando me la depositaba en mi interior golpeando las paredes. -¡Ohghhh! ¡Ohghhh! ¡Ohghhh! -Yasin se ahogaba, mientras sin moverse, me llenaba como todo un semental. -continuó con su verga en mi culo, moviéndose entre espasmos y poco a poco se calmaba cuando los disparos de semen se fueron espaciando, hasta dejarse caer en mi espalda con el pecho empapado en sudor. Cuando al fin se desenchufó de mi culo me sentía muy abierto, como un profundo pozo mirando el cielo en la tierra infértil y sedienta de agua, aunque ahora yo estaba lleno de leche. Tardé unos segundos en controlar mis esfínteres y hacer que se cerraran para que la preciosa carga no saliera perdiéndose en la blanca sábana. Miré a Eduardo sentado en el sillón, sin poder dar crédito a lo que terminaba de ver, su antes poderosa polla se había engordado un poco sin terminar de ponérsele dura, y de los pellejos que le tapaban el prepucio escurría un hilo de seminal. Me arrodillé prontamente entre sus piernas, y cogiéndole la verga en mis manos se la masturbé dos o tres veces, milagrosamente respondía a los estímulos que le daban mi mano, me la metí en la boca y aspiré mientras despellejaba su glande y lo acariciaba con la lengua. Sin llegar a ponérsele dura comencé a ...