-
Has hecho correr a mamá, bandido
Fecha: 27/08/2022, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
Renata, una mujer de 44 años, muy delgada, estaba llorando sentada a la mesa de la cocina enfrente de una botella de vino blanco medio vacía. Su hijo Anselmo, un joven de 24 años, moreno, alto y fuerte, al entrar en la cocina y ver cómo lloraba, le preguntó: -¿Qué te pasa, mamá? Renata cogió el vaso mediado de vino, se lo bebió, y con la cabeza baja le respondió: -Tu padre me dejó. Se fue con otra. Todo es culpa mía. ¡Estoy seca cómo un bacalao! Anselmo, que se llamaba cómo su padre, trató de consolarla. -Tú estás de buen ver, mamá. -¿De buen ver? ¡Solo miran para mí los perros y miran porque ven muchos huesos. -Te subestimas, padre si se fue con otra es porque toda su vida fue un putero. -En eso llevas razón. ¿Pero cómo voy a vivir sin su sueldo? -Viviremos con el mío. -Tú un día te irás. ¿Y después qué va a ser de mí? -No me voy a ir, no ahora que te tengo para mí solo. A Renata le sonó la voz de alarma. -Espero que no estés insinuando lo que estoy pensando. -Sí, te estoy diciendo lo mismo que te dije hace dos años después de dejarte padre por primera vez, que te quiero para mí solo. -Aunque tu padre no hubiese regresado nada hubiese ocurrido entre tú y yo, y lo sabes. Anselmo se puso filosófico. -Solo sé que no sé nada. Renata no estaba para filosofía, se echó otro vaso de vino y le dijo. -Todos sabemos lo que sabemos y yo sé que no valgo ni para tomar por culo. Para Anselmo el culo de su madre era un ...
... sueño. -Ese culito. ¡Ay si yo pillase ese culito! Está para comerlo poquito a poco. A Renata se le pasó la tristeza momentáneamente y rompió a reír. -Poco ibas a comer. ¡¿Qué acabo de decir?! El vino ya empieza a hacer efecto. -Ojalá te emborraches. -¿Para qué quieres que me emborrache? -Sería más fácil... Renata la pilló por el aire. -¡No, hijo, no! Ni de borracha ni de sobria permitiría que me tocases. ¿No te da vergüenza tener esos sentimientos sucios hacia tu madre? Anselmo no tenía perjuicios. -No, pues no creo que sean sucios. Me voy a bañar. ¿Ya has hecho la cena? Renata se dio con la palma de la mano derecha en la frente. -¡Qué cabeza la mía! Anselmo se fue de la cocina. Renata sin cambiarse fue al supermercado a comprar un pollo para cenar. Pollo estofado era la comida favorita de su hijo, y eso le iba a hacer. Cenaron, hablaron más de lo mismo, y luego cada uno se fue para su habitación. Era el mes de agosto y hacía calor. Renata estaba sobre la cama vestida solo con una enagua blanca cuando entró Anselmo en la habitación. Llegó desnudo y con la polla tiesa. Renata lo vio venir y le dijo: -Si te metes en mi cama mañana me voy de casa y no me ves más. Anselmo le preguntó: -¿No podría masturbarme mientras te miro? -No, vete. Anselmo le suplicó. -Por favor, deja que lo haga. -No, es no. Al día siguiente Anselmo volvió y la amenaza fue la misma, al siguiente igual, pero al tercer día Renata, después de hacerse media ...