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La mamá de Adrián
Fecha: 21/09/2022, Categorías: Confesiones Autor: Danino, Fuente: CuentoRelatos
Tengo un compañero del club y nos hicimos bastantes compinches. Su padre trabaja en los cruceros italianos y veces tiene viajes consecutivos y está muy poco en su casa. Su madre, es una mujer muy bella. En el club concurre a las clases de gimnasia y mantiene un cuerpo firme. Tiene cabello negro, que cae sobre los hombros con amplias ondas, vientre plano y una cola paradita. Casi 40 años. Con Adrián, mi amigo, a veces estudiamos juntos a pesar de ir a distintas Facultades (él, medicina, y yo abogacía). Estábamos en su casa un mediodía y cuando finalizó una charla telefónica con su padre, que estaba en Ibiza; me dice que debe ir a un Sanatorio pues tiene un práctico por la noche hasta la mañana. Se despidió de su madre y me saludó a mí, que debía terminar mis apuntes antes de irme a mi casa. En plena tarea estaba, cuando Teresa me dijo: -Te traje un café, porque me voy a tirar una pequeña siestita. -Gracias, Tere -le contesté- No se hubiera molestado. -Cuando te vayas, asegúrate de cerrar bien la puerta de calle -dijo. Y se marchó. Seguí con mi tarea y en momentos, tuve necesidad de ir al baño. Cuando salí del baño, al pasar frente al dormitorio matrimonial, sentí unos leves quejidos y una respiración agitada. Miré por la pequeña abertura de la puerta y vi a Teresa tendida en la cama con la falda levantada y sin trusa, masturbándose frenéticamente. Ese espectáculo además de asombrarme, me excitó en demasía. Ver a una mujer bella moverse agitada y presa ...
... de la lujuria me llevó a lentamente acercarme a la cama. Cuando sintió el roce de mis pasos, se sorprendió y removiéndose en la cama, bajo su falda. -Dani, ¿cómo entraste a mi dormitorio? ¿Por qué estás aquí? -exclamó, y tapándose la cara con ambas manos, agregó- Dios mío que vergüenza. -Teresa, -le dije- No es ninguna vergüenza y la comprendo perfectamente. Esto jamás saldrá de mi boca, quédese tranquila. Queda solo entre usted y yo. -Lo que pasa, es que mi esposo, debido a su trabajo -me cuenta- me deja mucho tiempo sola y no soy mujer de andar por ahí buscando aventuras. A veces tengo deseos sexuales y me cuesta dominarlos. -Todos los tenemos -dije quitándole importancia- y los demás no lo notan. -Pero a vos -dijo señalando mi entrepierna- se te nota una excitación bastante considerable. -Al verla a usted, tan bella y apasionada, no puedo dominarme -y agregué-Es una mujer tan atractiva y deseable como pocas. -¿Deseable? -preguntó- ¿acaso vos, me deseas? ¿no tienes muchachas que te atraigan más que yo? Sentándome en el borde del lecho, puse mi mano sobre la de ella y sentí que su piel se erizaba con el contacto. -Y en tiempo de confecciones, le digo que la deseo intensamente -murmuré cerca de su oído- y la penumbra de este cuarto me excita muchísimo más de lo que pueda imaginarse. Poseerla sería el mayor placer de mi vida. -Pero, si se enterara mi hijo o mi esposo -musitó- Sería el fin de mi vida. -Jamás sabrán nada ni tendrán sospechas ...