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Se la clavé en el culazo a la viudita mirona
Fecha: 26/09/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... cintura, —Qué es esto, qué hacéis. ¿Quiénes sois vosotros? —Dos buenos amigos, tú sigue a lo tuyo. Bernardo se había tumbado debajo de ella y había metido la cabeza entre las piernas. Entre los dos le quitamos las bragas. —Ay, ay, que me hacéis. —Verás que bien lo vas a pasar, mejor que nunca, tres pollones para ti. —No, no, dejadme tranquila. El mudito empezaba a enfadarse porque la viudita había dejado de chuparle la polla. —Sigue, sigue, guapa –le dijo. Yo había apoyado la polla en su rabadilla y la empezaba a restregar contra su ojete. La lengua de Bernardo empezaba a hacer estragos, se movía por su chochete como una serpiente ansiosa por devorar a su presa. —¿Qué me vas a hacer? –me preguntó. —Estoy deseando meterte la polla en ese culazo. —No, no, me vas a hacer daño, por favor. —No me creo que tu marido no se follase muchas veces ese extraordinario culazo. —Sí, sí, pero hace mucho tiempo. —Veras como te gusta. Bernardo daba lamentones por todo el chocho de la viudita. Estaba enloquecido. Debía llevar mucho tiempo sin comerse un coño y disfrutaba como un enano. La viudita empezó a gemir. —Ay, ay, sois unos cabrones, ay, ay, que ganas tenía. Volvió a coger la polla del mudito con desesperación, enloquecida, entregada ya a la orgia que le habíamos preparado. Yo le había metido dos dedos en el culo y los movía adentro y afuera, uno, dos. Después me arrodillé y le comí todo el ojete. Mi lengua la recorría por detrás y ...
... la de Bernardo por delante. Ella gritaba. —Ay, ay, vais a hacer que me corra. Quien había explotado era el mudito. Se corrió en la boca de la viudita y yo le dije a Bernardo que ocupara su puesto —Sustitúyele —le dije. Y Bernardo corrió raudo a ponerle la polla en la boca. Yo creí llegado el momento de meterle el pollón, pero decidí chavársela por el chocho y dejarle el culete para cuando el mudito se recuperase. Había puesto de lado a la viudita. Mi polla estaba en la puerta de su vagina, la restregué por todo el chocho, la moví como si fuera un dedo. Ella se volvía loca, quería más. —Ay, ay, métemela, métemela. No la hice esperar. Mi polla estaba encabritada, cabalgué y cabalgué. Ella se movía para que llegase más profundo —Toma, toma, toma polla. —Así, así, dame más, dame más. No había llegado a correrme cuando escuché la voz del mudito. —Déjame, déjame, que yo también quiero follar. —Pero ya estás listo otra vez, chaval. —Sí, sí. Obedecí y le dejé mi puesto. Yo prefería acabar en el culo de la viudita. Ella dio un gemido muy largo e intenso cuando el mudito le clavó la polla. Era como dos veces la mía. El tío se movía como un orangután y ella debía de estar viendo las estrellas. Pero lo del mudito eran fuegos artificiales. Se corrió enseguida. Mucha polla y poca resistencia, así son los jovencitos. Bernardo también se había corrido en la boca de la viudita. Yo la hice darse la vuelta tumbada en el suelo. Puse una almohadillita ...