1. Elige bien antes de entrar a robar en una casa.


    Fecha: 05/10/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... robármelo. Así que cansada de estar siempre sola mientras mi sobrino se va de fiesta por ahí a gastarse mi dinero, lo que hago es secuestrar a los ladrones y aprovecharme de ellos para que cumplan mis fantasías sexuales. ¿No te había dicho nadie nada? Soy famosa en la zona, por eso dejé correr el rumor de que era una anciana indefensa y dolorida la nueva dueña del cuadro, los ladrones dejaron de intentarlo y yo me aburro muy fácil.
    
    Intenté retroceder y alejarme todo lo que pude de ella apoyando mis pies sobre el suelo y dando pequeños golpes sobre el respaldo de la silla. Pero todo esto solo provocaba la risa de aquella mujer la cual me seguía sin cansancio alguno con su silla de ruedas.
    
    -Qué coño me has hecho tragar puta loca comencé a exclamar
    
    -No me llamo puta loca sino Luz y respondiendo a tu pregunta, en unos minutos lo sabrás.
    
    Seguí intentando escapar de aquella mujer, pero terminé encontrándome con una pared, la cual me dejó arrinconado ante ella. Luz puso los seguros a la silla de ruedas y poniéndose en pie comenzó a denudarse.
    
    Una fina chaqueta de lana de color beige junto con una camisa azul cielo y una falda hasta las rodillas de color negro eran las prendas que cubrían aquel anciano cuerpo. Sin apartar la mirada de mi ser, Luz fue quitándose la chaqueta lentamente hasta que arqueando su cuerpo ligeramente hacia atrás y colocando sus brazos paralelos el uno con el otro hizo que la chaqueta fuese deslizándose entre ellos hasta caer por su propio ...
    ... peso al suelo. Observando más detenidamente su cuerpo me di cuenta que de que en verdad no parecía tan anciana como lo aparentaba. Luz debía rondar los 65, pero la combinación de aquella ropa junto con el moño que se había hecho y las gafas negras de pasta que llevaba aparentaba mucho menos.
    
    La camisa se notaba que era de las caras, sobre todo por el dibujo que hacían sus pezones sobre aquella tela. Estaban tan excitados y duros que se podían divisar a kilómetros de distancia, aquella mujer le gustaba tanto el placer que se permitía el lujo de no llevar sujetador alguno. Seguro que era de esas mujeres que está en un lugar público y empieza a pellizcárselos al mismo tiempo que fantasea con alguien de su alrededor.
    
    Luz comenzó a desabrocharse uno a uno los botones de su camisa. Ninguno de ellos puso resistencia alguna, salvo el último, el cual parecía ser el único que jugaba a mi favor. A diferencia de la chaqueta, la camisa permaneció en su sitio, parecía que Luz intentaba torturarme con la duda de que se escondía bajo aquella prenda. Vaciló durante un rato ante mis ojos y cuando lo consideró oportuno, dándose media vuelta apoyó sus brazos sobre los reposabrazos de la silla de ruedas que se encontraba tras ella y poniéndome el culo en la cara se bajó la falda de un solo golpe.
    
    Fue en ese momento cuando una especie de cola de zorro cayó frente a mi cara. Nada de lo que estaba sucediendo tenía lógica alguna. Dejando la falda a sus pies, Luz se sentó en la silla y ...
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