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Mi odiosa hermanastra (Parte 1)
Fecha: 30/10/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos
... sus comentarios hirientes. Si alternara eso con actitudes amistosas, hasta podría reírme de alguna de las boludeces que me solía decir. Pero cuando no me está agrediendo, actúa de forma totalmente indiferente. Como si mi existencia sólo tuviese sentido para ella, cuando necesitaba mofarse de mí. A la noche, cuando ya era la hora de cenar bajé al comedor. -¿Por qué no le avisás a Florcita que baje a cenar? - pidió mi mamá. Le iba a decir que "Florcita" Ya sabía a la hora en que comíamos. Pero cambié de opinión. Le daría una dosis de su propia medicina. Fui hasta su cuarto. Entré sin golpearle la puerta, para que se dé cuenta de lo invasivo que resulta cuando te hacen eso. Pero no la encontré. En la computadora había un video musical reproduciéndose a todo volumen, por lo que seguramente no me había oído entrar. Vi que la puerta del baño estaba media abierta. Seguramente se estaba sacando una foto frente al espejo, últimamente estaba subiendo a su Instagram muchas selfies de ese tipo, vaya a saber la atención de quién quería llamar. Fiel a mi plan entré sin aviso. Florencia estaba con las nalgas sobre la bacha del baño. Efectivamente, sostenía su teléfono en la mano. Pero lo que me llamó la atención fue la ropa que llevaba puesta, o mejor dicho, la ausencia de ropa. Debajo, sólo la cubría una diminuta tanga negra de hilo dental. La tela se metía sin pudor entre sus glúteos. La piel estaba pálida en las partes donde normalmente era cubierta por una lencería ...
... más grande. Y arriba... arriba estaba totalmente desnuda. — ¡Qué querés pendejo! —me dijo, indignada. Pensé que me iba a cerrar la puerta en la cara, pero se me fue al humo, como queriendo insultarme, aunque no le salieron las palabras. Por primera vez vi que se sentía avergonzada. — Ya está la cena —Dije, fingiendo normalidad, aunque no pude evitar mirar sus pechos. No eran grandes, pero tampoco pequeños, y los pezones eran rosados. —¿Qué te pasa? ¿Nunca viste una teta? —dijo Florencia, dándose cuenta de mi obvia mirada. Se cruzó de brazos, cubriéndose. La miré a los ojos. — Obvio que vi muchas. Y las tuyas no son nada de otro mundo —dije.—Apurate que se va a enfriar la comida. —Agregué después. Me di vuelta y la dejé con la palabra en la boca. En la cena la pendeja estuvo demasiado calladita por tratarse de ella. Sentía cómo de repente me clavaba los ojos. Yo comía, como si no hubiese pasado nada. Si la bardeaba por haberla visto en tetas, el que iba a terminar mal parado iba a ser yo. Así que me llamé a silencio y dejé que ella solita se hiciera la cabeza. Florencia me había enganchado haciéndome una paja, era cierto. Pero ahora estábamos a mano. Ahora los dos nos habíamos visto en un momento de vulnerabilidad. Ella, ya sea por pura vanidad, o para agasajar a algún chongo, se había sacado una foto con una tanga diminuta y en tetas. El culo estaba apoyado sobre la pileta del baño. La había atrapado infraganti, con las manos en la maza, como dice ...