1. Polvos tío y sobrina


    Fecha: 08/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    Después de viajar en un tren 44 años subidos en el mismo vagón, y cuando ya el invierno depositó sus nieves sobre nuestras sienes, cada soplo de aire fresco es una bendición, y una bendición fue descubrir que no estaba sexualmente muerto, que no le tenía que ir al funeral a mi polla si no la medicaba con viagra.
    
    Fue hace poco. El día de la boda de un sobrino de mi mujer. A Sarita, una chica de 22 años, separada, de cabello negro y largo, preciosa, morena, delgadita, casi sin tetas y con poco culo, se le había estropeado el auto y después del banquete no tenía en que volver a casa. Mi mujer, que es una "aquí estoy yo", sin consultarme, le dijo:
    
    -Tu tío te lleva a casa.
    
    La hostia era que su casa quedaba a sesenta kilómetros de allí, y con sesenta de vuelta iba a regresar en plena madrugada. Y a mí, conducir de noche no me gusta. Además, no contaba conducir y había bebido bien. Pero había que cumplir. Le pedí el coche a una de mis hijas, mi coche, pues yo lo uso poco y ella lo necesita para ir a trabajar.
    
    Hablamos de todo un poco durante el trayecto...
    
    Ya era de noche cuando llegamos a su casa. Una casa de aldea de una planta, pintada de blanco. Estaba en una colina, en medio de un robledal. Antes de bajar del Opel Corsa, y mientras ladraban los perros al ruido de un auto que no conocían, me preguntó:
    
    -¿Te apetece tomar un vino, tío?
    
    -SÍ, un vino nunca viene mal.
    
    Entramos en la casa. Prendió la luz. La cocina era cocina, sala y comedor. Solo tenía dos ...
    ... dormitorios. Sarita cogió una botella de vino tinto y un vaso en la alacena, un sacacorchos en un cajón, lo puso todo sobre la mesa, y me dijo:
    
    -Sírvete. Voy a ponerme cómoda.
    
    Se marchó vistiendo un vestido blanco ceñido al cuerpo que le daba por encima de las rodillas y calzando unos zapatos del mismo color y volvió vistiendo una bata roja y unas zapatillas del mismo color.
    
    Sentado a la mesa en una silla, le dije
    
    -Está bueno el vino.
    
    Sarita, recogiendo el cabello en una coleta, poniéndole una goma, me preguntó:
    
    -¿Quieres un poco de queso para picar?
    
    -No, hoy ya comí para una semana.
    
    Sarita no quiso perder el tiempo. Sin sentarse, me preguntó:
    
    -¿Te gusto cómo mujer, tío?
    
    Yo tampoco iba a perder el tiempo. Me levanté, me acerqué a ella, le acaricié con un dedo la mejilla, y le dije:
    
    -¿A que hombre no le gustaría un bomboncito cómo tú?
    
    Sarita se mordió el labio inferior, rodeó mi cuello con sus brazos y después, metiendo una de sus piernas entre las mías, me dio un beso con lengua que me puso la polla morcillona y latiendo.
    
    -Quédate a dormir en mi casa.
    
    Aquello me sobrepasaba. No tenia viagra e iba a quedar mal. Después de correrme no se me iba a levantar hasta pasado mucho tiempo. Le dije:
    
    -No puedo, podemos jugar una hora, máximo, después me voy.
    
    Me volvió a besar, su pierna se frotaba con mi polla cerca del coño... Sarita sentía cómo latía. Estaba colorada. Le pregunté:
    
    -¿Vamos para tu habitación?
    
    No me contestó. Me cogió de ...
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