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Abusé de la soltería de mi tía Amparo
Fecha: 05/12/2022, Categorías: Incesto Autor: Alphy Estevens, Fuente: CuentoRelatos
... lujuria. -Siga tocando, sobrino. Siga para que lo compruebe. No sé a qué estaba jugando mi tía. Solo sé que estaba a milímetros de bajarle su bikini y posar mis enloquecidas manos sobre su bello culo. En un santiamén, la voltee y la presioné contra mi cuerpo y la hice que sintiera la súper erección que me había provocado. -No se lo dije, ya estoy para vestir santos. -No tiita, usted está mejor que muchísimas jovencitas. Mire esas nalgas tan duras y bellas que tiene. Que desperdicio -pensé. -¿Usted cree, sobrino. No me dices eso para no hacerme sentir mal? -No tía, le hablo con el corazón. Usted está buenísima, con su perdón. -Que tierno, Albertico. Tus palabras me reconfortan. Ojalá consiga un hombre que me vea con tus ojos y pueda entregarle mi virginidad -Me dijo sollozando. Aquella confesión me volvió loco. La apreté más fuerte sobre mi polla y comencé a girarla como en un baile de dos enamorados. Ella me rodeó con sus brazos y me susurraba que lastimosamente yo era su sobrino. Me dijo que le hubiese encantado entregarse a un hombre como yo, pero que eso era imposible. Ella hablaba y yo presionaba cada vez más. Mi armamento amenazaba con disparar a quemarropa. Mi tía se aferraba con más fuerzas mientras yo metí ambas manos por su bikini y empecé a masajear su orificio anal. Estaba loco. No sabía lo que estaba haciendo. -Así no, Gustavito, así no. ¡Que descaro, como llegamos a esto! -no importa Amparo -le dije pronunciando su nombre ...
... para alejarla del sentimiento filial. -Dejémonos llevar y veamos en que termina todo esto -le susurré. -No imposible, estoy temblando pero esto no puede ser. Sus palabras por un lado y sus jadeos y movimientos por otro. Se frotaba ferozmente contra mi pollón y me mordía el cuello con deseos desenfrenados. Intenté bajar su bikini y se resistió. -No, por dios, no -exclamó No hice caso a su mandato. Separé con fuerzas sus muslos y logré bajar su prenda hasta las rodillas. Seguía presionando mí mazó contra su pelvis y le subí el pijama dejando al descubierto sus exquisitos melones rosados. Comencé a chuparlos y a manosearlos con lujuria. -No, Gustavito, no, por favor. Aquello parecía una orden invertida. Por cada negativa que pronunciaba, redoblaba mis ataques y aquella fortaleza sucumbía y se unía a mis movimientos. Bajé lentamente con mi lengua hacia su coño humedecido y ella abrió sus piernas entregada y reducida. Su olor me embriagó más aún. -Ay, ay, Gustavito, que rico. Que estamos haciendo. ¡No pares! -¿Te gusta tiita, te gusta? ¿Quieres que retire mi lengua de tu coño? -No sobrino, por dios. Ni se te ocurra. La tía estaba fuera de sí. La tumbé en el sofá y puse mi pollón frente a ella para que lo detallara. Su mirada exorbitada se quedó mirando y luego lo agarró con una mano y comenzó a auscultarlo con lujuria. -cincuenta y seis años para poder palpar este instrumento -dijo. -Es hermoso. No se parece en nada al consolador que ...