1. Asistente de recepción


    Fecha: 22/04/2023, Categorías: Gays Autor: janpaul, Fuente: CuentoRelatos

    Me llamaba David Hurtado cuando ocurrió esta historia. Trabajo en un hotel, un resort en la zona de playas, con vista al mar. Soy asistente de recepción o como suele decirse, uno de los cinco botones de mi turno que atendemos al personal desde recepción hasta su habitación, también si necesitan los huéspedes algún extra a destiempo, ahí estamos nosotros. Mi jefe inmediato es Jaime, el recepcionista, con quien coincido siempre en el mismo turno junto con Felipe, Manolo y otros dos muy estirados, Chema y Angulo, pero nada guapos. Felipe y Manolo son guapos y humildes. Yo soy, rubio, no estoy mal, pero debo parecer muy guapo, dice Felipe, porque las mujeres me miran y comentan, lo que pasa es que no me doy cuenta de eso porque las mujeres no me van, aunque sí pagan..., no me duelen prendas. Pero quizá parezca más guapo de lo que en realidad soy por el cabello rubio oro intenso. Soy delgado, mi abdomen es plano sin cuadros ni tabletas, pectorales pronunciados con unos pezones agudos quizá de tanto tocarme; mi culo es de gimnasio porque allí lo he modelado y en mi polla cuelgan 16 cm en reposo paralelamente con los huevos, ni hecho a medida.
    
    Los de mi turno, en algún momento en que no hay mucho movimiento en recepción, nos reunimos en una salita a ver televisión o a jugar a cartas para estar a mano cuando se nos necesite; mi jefe, Jaime, habitualmente me requiere entonces para follarme el culo. ¡Joder!, las primeras veces su polla me parecía tan enorme, pero tan ...
    ... enormemente grande y gruesa que sentía como si me estuviera partiendo por la mitad, parecía meterme por el culo la pata de la mesa del comedor de mi abuela. Todo acompañado con una paliza con un abanico grande cerrado que tiene siempre a mano, para hacer las cosas fáciles. No podía creerlo de tanto que me dolía y sólo podía imaginar el daño que le estaría haciendo a mi coño con sus estocadas. La paliza atenuaba el sentido de la estocada, pero yo pensaba que me destrozaba el «culo-coño» al sentir tanto dolos en mis nalgas. Entre otras cosas, a él le gustaba pegarme a mí porque yo no gritaba, ni me quejaba y porque yo era delos que le besaba agradecido después de follarme.
    
    ¡Mierda!, ayer cuando aún eran las 2:00 p.m., y el recepcionista me había dicho que me iba a tener toda la noche, que iba a hacer una fiesta más tarde para sus amigos y que se esperaba que yo también los entretuviera... ¡Joder, joder!, por la forma en que estaba destruyendo mi ano, me parecía que mi agujero sería un desastre ya antes de que llegara ninguno de los invitados. Y si alguno de los amigos de este tipo la tenía tan bien colgada como él, yo estaría fuera de juego toda la semana siguiente, cosa que no puedo permitirme, porque me pagan por horas trabajadas y con tarjeta marcada.
    
    Bastantes tíos que se alojan en el hotel suelen preguntar al conserje si es posible conseguir algún chico que les pudiera acompañar, Jaime siempre me envía a mí. ¿Cómo es que Jaime, el recepcionista, siempre se las arregla para ...
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