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Una ayuda
Fecha: 18/05/2023, Categorías: Infidelidad Autor: Enrique maduro, Fuente: CuentoRelatos
Hoy hemos quedado que vienes a ayudarme con mis quehaceres. No de la casa, sino particulares. Tengo un ordenador conectado a dos pantallas, y suelo escribir y traducir. Así que me va a ir bien que tú escribas y yo te vaya dictando mientras traduzco. Ya llevamos días viéndonos, y ambos sabemos que nos gusta llevar a cabo situaciones que nos den morbo. Llamas al interfono. -¿Quién? -Yo. Mmmmm, conozco bien tu voz, así que me apresuro a abrir y espero tras la puerta. Cuando oigo llegar el ascensor, abro, colocándome detrás para no ser visto, y entras. Llevas una gabardina ligera, y muy larga. Te giras, me sonríes y procedes a sacártela. Bufff, precioso atuendo. Un jersey de punto de manga larga y cuello redondo, y una falda de tubo ceñida a tu cuerpo. Corta. Solo te llega a medio muslo. Complementas el atuendo con unos zapatos altos. Sabes muy bien que me gusta que taconees y se ondule tu figura. Me acerco y te doy la mano. Todo muy formal... -Hola, soy Enrique. Tú debes ser María, la chica que me manda la agencia para ayudarme en las tareas de traducción. -Efectivamente, encantada. -Pues bien, pasemos al trabajo. Deja aquí en esta habitación tu bolso y la gabardina. -¿Es tu dormitorio? -Si. -Se ve cómodo y con una cama espaciosa. -Lo es, a veces demasiado grande para acostarme solo. Pasamos a otra habitación donde está mi despacho con el ordenador y las dos pantallas. Ya he preparado todo mientras te esperaba, y en una ...
... de ellas hay un texto en inglés, mientras que en la otra está un word abierto, con un texto para continuar. -Ya sabes de lo que se trata. Así que siéntate y ponte cómoda. Solo hay una silla, así que yo me quedo de pie, a tu lado. Con una sensualidad muy femenina, te sientas, aún a pesar de que tu falda se empeña en subir al sentarte, no haces ningún tipo de ademán para evitarlo. Tus muslos están bien a la vista, cubriéndote tan solo justo al término de tus ingles. -Bien, empiezo. -Adelante. Te voy dictando, mirando a la pantalla de la izquierda y tu empiezas a teclear en la otra. Tus dedos se mueven rápidos, mi cabeza está cerca de la tuya, algo encorvado, y puedo oler ese perfume embriagador con el que te has aderezado. Tu jersey blanco, tiene un escote de pico, y desde mi posición veo con generosidad ese canal que a todos los hombros nos atrae y que se os dibuja entre ambos senos. Sigo dictando, y tú escribiendo. Voy rápido y tu te esfuerzas en seguirme el ritmo, por lo que permaneces atenta a ello, y te mueves con cierto nerviosismo. Ello me permite observar con agrado que, debajo de tu jersey, no llevas nada más. Con tu rapidez en escribir, permites que tus brazos se muevan y ello hace que la apertura del escote se mueva también y me permita acceder con mis ojos de vez en cuando a tu interior. Ahora me doy cuenta de que ese mismo jersey, presiona tus pechos y marca en su relieve unos pezones que se adivinan generosos... -¿un descanso? ...