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Aislados: Día 1
Fecha: 03/06/2023, Categorías: Incesto Autor: Jeroct, Fuente: CuentoRelatos
... himen, por lo que tenía que conformarse con seguir aprendiendo a estimular su clítoris. Sin embargo la veía que la estaba pasando muy bien. Igual que yo. Cuando experimentó su primer orgasmo ella no entendía nada. Solo gemía, batía las piernas y me miraba con cara de sacada como diciendo “¿qué es esto?”. Al yo notar su orgasmo no pude contener el mío y todo mi semen voló por toda la habitación en todas las direcciones. A Gaby se le notó la instintiva excitación, por lo que su siguiente orgasmo fue mucho más estridente y húmedo. Ambos quedamos absortos en nuestro clímax y sólo nos dedicamos a mirarnos por unos segundos. —Gracias por enseñarme, Fredo —dijo rompiendo el silencio mientras me tomaba de la mano, aun con la respiración agitada. —No te preocupes, Gaby. Siempre puedes confiar en mí —respondí con tono de hermano mayor. En cuanto a mí, no tengo mucho para describir. Soy de tipo normal: ancho de hombros y espalda, mis músculos están medianamente definidos, mido 1.75 m, por lo que considero que soy bastante bajo para ser hombre y de tez más oscura a causa de los orígenes caribeños de mi papá. Él nació en República Dominicana. En unas vacaciones se conocieron con mi madre y se enamoraron y casaron. Al año nació mi hermano Diego y a los dos años después de él nací yo. Y es todo lo que tengo que decir sobre mi familia. Entenderá el lector las razones. Al padecer trastorno de ansiedad a veces me pongo bastante nervioso e impaciente, por lo que mi tía y prima ...
... suelen abrazarme mucho para contenerme en medio de mis crisis. Y, a decir, verdad, es bastante reconfortante estar con la cara pegada a cuatro tetas cuando estás de mal humor o nervioso. *** Los de la ambulancia seguían sin emitir palabra alguna, yo ya casi estaba a las puteadas y mi Vane y Gaby trataban de contenerme. De súbito sentimos que la ambulancia paraba. El que los ocupantes del habitáculo se bajaran y abrieran la puerta de la ambulancia fue casi lo mismo. Todo sucedía muy rápido. Nos invitaron a bajar y nos fijamos que estábamos a las puertas de un hotel. —¿Acá nos van a dejar? —preguntaba mi tía mientras miraba por una décima de segundo a su alrededor. —Por favor por acá —se limitó a decir uno de los hombres que había bajado de la ambulancia. Tenía un aspecto bastante estrafalario: era como ver el personaje que trabaja en el laboratorio de riesgo biológico de esas películas de Hollywood. Uno iba adelante guiándonos y el otro, vestido exactamente igual, a unos tres pasos detrás nuestro. Pasamos el lobby del hotel y fuimos directo a las escaleras, subimos hasta el tercer piso a un ritmo casi maníaco pautado por aquellos Soldados Bioquímicos —como les decía Gaby— y allí, en la puerta de la habitación 304 fue que nos dirigieron la palabra. —Estamos en alerta máxima por la propagación de este virus —comenzó a decir uno de ellos.— La orden que tenemos es de aislar a todas aquellas personas que vengan de cualquier país donde el contagio es mayor. Lamentamos la ...