1. La Terapia


    Fecha: 11/06/2023, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... de papel en el bolso, así que le pregunté si él llevaba y algo avergonzado me dijo que si y me entregó uno mientras yo permanecía en cuclillas en la oscuridad. Lo cierto es que estaba bastante mareada y tal vez fuera eso lo que me hacía estar algo exhibicionista.
    
    Recuerdo cómo me miraba de reojo cuando me levanté y me limpié con las piernas abiertas, yo creo que apenas vería nada de mi sexo desnudo en aquella oscuridad, pero el exhibirme delante suyo fue algo morboso. Llegué a encontrar un placer inusual y ciertamente obsceno al hacer todo aquello delante de mi propio hijo.
    
    Lo gracioso de todo, es que luego fue él, quien a continuación tuvo que imitarme haciendo pis allí mismo. Yo hice como que vigilaba pero lo cierto es que estuve espiándolo. Vi como extraía su miembro y cómo se concentraba para hacerlo, pues parecía que algo iba mal y tardó mucho en aliviarse. Entonces pensé que tal vez se había excitado con la situación anterior y, empalmado, le fue difícil orinar, pues por mi marido sabía que cuando los hombres se excitan no pueden hacerlo.
    
    Esa noche di un montón de vueltas en la cama, sin poder dormir. Lo miraba mientras él dormía y sentí la necesidad de tocar sus pectorales. Nerviosa, lo hice suavemente hasta que amenazó con despertarse y entonces paré, escondiendo rápidamente mi mano furtiva. Era tan fuerte y fibroso, ¡divina juventud!
    
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    Me sentí como una guarra por acosar así a mi propio hijo sin que él lo supiera. Hasta me permití palpar su virilidad, ¡y para mi asombro esta respondió empalmándose con mis caricias! Me puse tan nerviosa que pensé que despertaría y me pillaría con mis dedos en su miembro, así que de nuevo me retiré rápidamente mientras sentía mi corazón latir con fuerza a la vez que se me secaba la boca y se me hacía imposible tragar.
    
    Volví a masturbarme en la cama, introduciéndome cuantos dedos pude en mi vagina, tremendamente lubricada, como cuando era muy joven y lo hacía las primeras veces con mi marido. Creo que llegué hasta a atreverme a introducir un dedo por mi culo, pues esto a veces me lo hacía él y me excitaba mucho, aunque yo nunca lo hacía en mis masturbaciones.
    
    Turbada, comencé a sentirme mal por hacer algo como aquello con mi hijo durmiendo a mi lado. Más aún, me sentí fatal por excitarme con su propio cuerpo. Así que fui incapaz de continuar allí mismo, me levanté y salí al balcón.
    
    La brisa marina me refrescó, corrió por entre mis piernas torneadas y mi humedad al contacto con la brisa me estremeció. Seguí acariciándome la vulva allí mismo, absorta en el cielo estrellado, con un mar de pinos grises, oscuros y silenciosos movidos por el viento de montaña.
    
    Cuando me corrí me tuve que agachar y aferrarme a la barandilla por temor a caer por ella. Me ...
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