1. Gerardo, mi Uber


    Fecha: 16/09/2023, Categorías: Gays Autor: RedMau, Fuente: CuentoRelatos

    Definitivamente las casualidades existen. Gerardo vive en mi colonia, en 2019 tendría unos sus 26 años, pero parecía de más edad debido a las dificultades de la vida que le había tocado experimentar. De 1.70 m, pelo y ojos negros, piel morena clara, de espalda y pecho anchos, de complexión fuerte sin necesidad de ir al gym, pequeña barriga de "hétero" y una cara ni bonita ni fea.
    
    A él parecía disgustarle el verme en el parqueo de la colonia cuando coincidíamos y lo comprendo, pues suelo caerle gordo de entrada a personas como él porque soy muy serio y debido a mi timidez evito contacto con la gente, por lo que creen soy arrogante. De mi parte me gustaba ver como él lavaba su carro rentado, pues trabaja con plataformas como en Uber e indriver, solía lavar su carro sin camisa, con esa eficiencia y rapidez con que la gente que trabaja con trabajo físico suele tener, me gustaba ver su espalda ancha y sudada mientras lavaba el techo de su hyundai elantra negro, como estiraba sus brazos para abarcarlo y como se le miraba su poco vello en las axilas, como se le marcaban los pectorales ligeramente y sus pezones redondos y rosados cuando estrujaba el estropajo para quitarle el exceso de agua.
    
    Una noche fui a un concierto de la sinfónica, quizás por estos mis gustos clasistas suelo caer mal, y al salir no tenía ganas de regresarme en bus, por lo que pedí un indriver, la primera oferta era de un hyundai elantra negro que estaba a unos 500 m y cuyo conductor, Gerardo, tenía 4.8 de ...
    ... calificación, dicha oferta la acepté sin prestar mucha atención y cual no fue mi sorpresa que ese muchacho de aspecto fuerte de mi colonia que tanto me gustaba ver como lavaba su carro era mi chófer, dije:
    
    "buenas noches, Gerardo", tratando de lucir tranquilo.
    
    "buenas" me dijo con una seriedad no hostil.
    
    Andaba puesta una camisa negra y jeans azules y al confirmar el destino, con una pequeña sonrisa él me interrumpió y me dijo que ya lo sabía. Al inicio del viaje íbamos en silencio hasta que en un redondel un motociclista de Uber eats se nos atravesó y Gerardo tuvo que frenar fuertemente para evitar golpearlo, como buen motorista le exclamó unas palabras altisonantes que yo también secundé, porque podré ser muy serio, tímido y de gustos refinados, pero cuando llega la hora puedo desplegar un arsenal de palabras floridas que puede ser la envidia de cualquier camionero.
    
    Ese intercambio de palabras soeces quebró el hielo y el resto del viaje transcurrió entre risas y chistes hasta que llegar a mi destino, me dijo que mi viaje era el último y que iría a descansar, a lo cual dije que estaba bien, le ayudé a parquear y le pagué y me dispuse a despedirme y a caminar a mi casa, pero él me retuvo y me pidió ayuda para subir unos comprados hasta su casa a cambio de una cerveza, le dije que no tomaba pero que lo ayudaría con mucho gusto, en este punto Gerardo ya me agradaba más allá de su apariencia y él se miraba mucho más relajado hacia mi. Lo ayudé con un par de bolsas y ...
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