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Trio con mis hijos.
Fecha: 24/09/2023, Categorías: Incesto Autor: luisa carolina, Fuente: RelatosEróticos
... prontamente Claudio desabotonó el botón y bajo el cierre, haciendo deslizar mi falda hasta mis tobillos, levante sensualmente mis piernas una a la vez, quedando al descubierto mis bien orneadas extremidades envueltas en medias azules, sujetadas por mi liguero y sobre ello mi tanguita también de color azul, Claudio fascinado no despegaba sus ojos del triángulo que cubría mi chocho afeitado el día anterior. Mi top voló por los aires, exponiendo mis senos sostenidos por un sujetador azul que hacía juego con el resto de mi ropa interior, él inmediatamente rodeó mi espalda y liberó mis pechos, el frio aire acondicionado de la oficina hizo endurecer mis pezones, la tibia lengua de Claudio, se hizo cargo de devolverles la temperatura, me mamaba los pechos y mordisqueaba mis pezones, mis gemidos enviaban señales cifrados a la polla de Claudio que se endurecía bajo sus pantalones, mi mano sentía sus latidos, luego de hacerlo poner de pie, comencé a tironear de sus pantalones, me parecía a mi Mariela tironeando los pantalones de su hermano. Desnudé rápidamente a Claudio y tomé su polla en mi boca, acaricié su cojones aterciopelados, sus muslos atléticos me excitaron aún más, masajeé su verga y testículos con mis senos, me levanté, me quité mi tanguita y me senté a horcajadas sobre él, guiando su polla al interno de mi chocho mojado, se deslizo como un pistón en su camisa oleada, suavemente comenzó a follar mi coño de suave pana. Su golpes ligeros y suaves no me motivaban ...
... en la forma en que yo quería ser follada, así que me levanté y me recosté en el sillón, Claudio se acomodó un poco y volvió a penetrarme, esta vez con más fuerzas, sus golpes aumentaron de intensidad, ahora lo sentía llegar profundamente, los músculos de mi vagina trataban de aprisionar su verga e incrustarla en mis carnes lujuriosas, lo deseaba, debía saciar este apetito que mi cuerpo sentía por él, me hacía sentir el calor de su polla y los pliegues rosados de mi coño salían arrebujados alrededor de su pene, que sensación más fabulosa. Claudio me besaba en la boca, el rostro, mis orejas, mi cuello, mi frente, su legua jugaba con los lóbulos sensitivos de mis orejas, me hacía erizar en fuego, me hacía salvajemente hembra, me estaba portando a esa dimensión exquisita que solo las mujeres conocemos, porque nuestros orgasmos son capaces de transportarnos en el espacio-tiempo, el mundo entero desaparece cuando esas oleadas van y vienen, cuando tiramos de nuestro hombre, cuando lo envolvemos con nuestras piernas vibrantes, cuando se nos escapan gemidos y sollozos, cuando gritamos y chillamos, cuando nuestras uñas se clavan en las carnes del macho, cuando llega el nuestro orgasmo. Acabamos juntos, su pene pulsaba al ritmo de mis contracciones, mi chuchita exprimía las ultimas gotitas de su manjar, Claudio, al igual que yo, respiraba por la boca tratando de recuperar su aliento, yo no soltaba mi abrazo de sus espaldas y mis piernas lo aferraban con firmeza a mi cuerpo, mi bajo ...