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Cuando fui puti-esposa de verdad
Fecha: 17/10/2023, Categorías: Confesiones Autor: Patita Putita, Fuente: CuentoRelatos
Cuando nos conocimos y tiempo después nos casamos, yo era una profesional seria, de buen nivel en mi trabajo. Ya casados comenzamos a experimentar, mas bien mi marido me fue empujando suavemente hasta que nos convencimos que podría ser puta, muy puta profesional, aficionada ya lo habíamos comprobado, pero esos son otros relatos. Un día finalmente nos decidimos, lo hicimos. Ya conocíamos bien la boite Baccarat en Rio de Janeiro, en el Beco das Garrafas, y lo escogimos para la ocasión. En una de nuestras visitas, circulando por el salón vistiendo solamente calzones y blusa abierta, como ya lo había hecho varias veces, le pregunté al encargado si me aceptaría para trabajar una de esas noches. El gerente me vio y respondió que sí, que podría ir, debiendo presentarme a las 7 de la noche, el día que quisiera. La clientela comenzaba a llegar como a las 10. Escogimos el siguiente viernes. Estábamos nerviositos: Ya eres putita, me decía mi marido, pero hasta ahora solo aficionada, hoy vas a ser profesional. No se te olvide facilitar el cachondeo con los clientes, mueve las nalgas, enseña las chiches. Acuérdate de guardar la lana en el zapato. Y que no puedes decir no. Si te pagan, ¡a mamar, o dar las nalgas! Inclusive aflojar el chiquito. No se te olvide ver los precios en el espejo del baño. No te preocupes, le respondí. La única diferencia es que voy a cobrar. Coger ya lo hago y de gratis. Ya se bien como abrir las piernas, dar las nalgas y mamar… Llegamos a la hora ...
... que le dijeron, mi marido me acompañó cerca y se fue a hacer tiempo. Ya adentro, me arreglé con ropa bien puta como correspondía y siendo muy temprano para los clientes, me fui a dar algunas vueltas cerca. En un bar próximo tomé una cerveza haciendo un poco más de tiempo, ahí estaba otra de las pirujas, comentando que no había mucho ambiente dentro. Poco antes de las diez regresé al local. Entré, y sí, el ambiente estaba con muy poca gente. Me senté en un lugar al fondo de donde podía ver todo. Algún tiempo después entró mi marido, me vio y calmamente se sentó como cliente simulando no verme. Me acerqué diciendo lo habitual en esos casos. ¡Hola! ¿Solito? ¿Me invitas un trago? ¡Hola putita! No gracias… al rato… Y en voz baja le pregunté cómo se sentía. No hay movimiento. Respondí, vamos a esperar un poco. Y me regresé al lugar donde estaban esperando clientes las otras putas. Hasta ahí yo estaba convencida que sería una noche sin más aventura que el de haber sido aceptada. Lo que ya era ganancia. ¡Estaba equivocada! ¡Y como! Vi que mi marido fue al baño platicando con otro de los pocos clientes. Platicando como si fueran amigos. Después me contó que el tipo al identificar un acento extranjero, le preguntó de donde era. Y al saberlo, se alegró y lo invitó a su mesa. ¡A partir de ese momento, ya éran casi compadres! Al llegar a su mesa, ya estaba esperándolo una rubia artificial y pegajosa. Supe que él no la quería, ya se la había cogido y quería carne ...