1. El morbo con mi hijo


    Fecha: 20/12/2023, Categorías: Incesto Autor: XOCHI, Fuente: CuentoRelatos

    ... póngalo sobre la cama.
    
    A lo que mi hijo entrando desde el balcón y con su toallón en la cintura, le alcanzó una propina. Al salir ese camarero, negro como el ébano y bien dotado según su blanco pantalón, me guiñó un ojo, cumplido al que yo sonreí con un gesto de mis labios.
    
    —¿Te gustó el negro?, me preguntó mi hijo.
    
    —Si. está bien dotado, por eso le deje ver mi conchita depilada.
    
    Nos emborrachamos durante gran parte de la noche entre besos quemantes y suaves mordiscos, esa era nuestro juego, el placer doliente y ardiendo en nuestros labios, hasta que caí rendida en la cama de mi hijo de tanto placer; cuando despertando en la madrugada y aún de noche, sentía otra vez sus pequeños mordiscos sobre mi pubis, la saliva de Richard servía de lubricación sobre mi clítoris y su lengua perversa, se enterraba aún más entre los labios húmedos de mi sexo.
    
    —No pares hijo. —le dije sosteniéndole la cabeza y apretándolo contra mi pubis.
    
    Estoy acabando sobre su boca y mis flujos se confunden en sus labios, sacudió su boca abierta y se devoró “literalmente” mi último orgasmo antes de que me volteara violentamente y se acomodara detrás de mí y me penetrara cabalgándome hasta que, rasgando las sábanas con mis uñas, volví a sentir su semen desbordando por mis piernas; me deje caer sobre las almohadas, su cuerpo sobre mi espalda, su pubis no dejaba de golpetear mis cadenas, una catarata de orgasmos eran mis gemidos mordiendo esas almohadas, no daba más de placer, pero aún no ...
    ... quería que se detuviera.
    
    —No pares, le volví a repetir. Cuando sentí que su tiesa pija estaba acomodándose otra vez en mi cola, curvé mi cadera hacia arriba, acomodé una almohada bajo mi vientre y mi cola quedo a merced de mi hijo, con sus manos separó mis nalgas y esa erección fue clavándose en mis entrañas con ese ardor interminable de placer de sus veintitantos centímetros, los que sentía en mi esfínter y que se hundían en mis entrañas.
    
    —Cogeme hijo de puta, cogeme más; ¡me partís, me arde!
    
    Cuando sentí que su ritmo era más intenso, supimos que estaba a punto de acabar, me solté y me puse en cuatro sobre la cama, como una perra en celo, cuando mi boca no dejó caer nada de ese semen que a chorros me bañaron el rostro y saboreándolo con mi boca lamí hasta la última gota que corrió por mi garganta.
    
    Nos tumbamos en la cama mirando el techo y ese amanecer sobre el mar que corría del otro lado del balcón; yo mojada de semen y mi hijo Richard cubierto de mis ninfómanos pecados.
    
    —La seguimos esta noche, le dije besándolo en los labios, —la podemos invitar a Grace.
    
    —Sí, pero la sorpresa la preparo yo. Me dijo sonriendo y mordiéndome los labios.
    
    Me levanté y envuelta en una bata de baño, me fui a mi camarote, mi marido dormía, seguramente con los cuernos entre sus sueños, me acomodé a su lado sin desearlo, pero tuve que cogérmelo al despertar, —por las dudas de haber quedado embarazada esa madrugada bañada por el semen de mi hijo—; apenas si fue un polvo echado al ...
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