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Aventuras y desventuras húmedas. Tercera etapa (18)
Fecha: 06/01/2024, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... en el acto. Le sacó la lengua a su amigo y puso la peor cara que pudo. —¡La leche! Pero que mal huele aquí… parece la guarida del oso, abre un poco las ventanas. —olisqueó el fuerte olor y algo le resultó familiar— ¿Has follado? —No, Carol, no he follado. —debía mentir, aunque cada vez sentía que aquella chica incluso se merecía… “Esa” verdad. —Pues te tienes que pajear como una verdadera bestia. Sergio, eres un guarro. —Pero si no me he… —Sergio se frotó los ojos a través de los parpados cerrados. Hablar con Carol a veces era como discutir con una pared, que además te golpeaba. Se resignó— Es complicado aguantarte sin desayunar. —Fácil solución, hace un día de maravilla, vamos a dar una vuelta. Te invito a desayunar y si te portas bien quizá te compre una piruleta. —Dios… Eres cargante… —el joven se adentró en el cuarto junto a su amiga— ¿Dejas que me dé una ducha? —No te dejo… Es que te obligo. Debes ducharte, si no a poco te voy a invitar. —se fue dando saltitos como una colegiala y antes de cerrar la puerta le dijo— En cinco minutos te vengo a buscar. —¿Cómo que cinco minutos? ¿Qué te crees que soy Superman? Los pasos de Carolina se escuchaban rítmicamente por el pasillo, seguía dando saltitos hasta su puerta mientras una voz casi en eco canturreó. —¡En seis! Carol le dio el beneplácito de llamarle a los diez minutos y en quince estaban ya a las puertas de la residencia yendo hacia el coche. Sergio había dejado todo sin hacer, pero que ...
... más le daba, por mucho que se quejase de su nueva amiga, le encantaba estar con ella. —¿A dónde vamos? —el coche arrancó a la primera, quizá por la experiencia, pero Sergio había dejado a un lado el miedo a que le dejara tirado. —A la playa. —el joven miró con mucha duda— Sí, suelo ir cuando es verano, pero en invierno cuando no hay apenas gente me gusta pasear. —Pues a la playa entonces. En el trayecto, Carolina prácticamente monopolizó la conversación, hablando a su amigo como el viernes se había cogido una cogorza de campeonato y todavía tenía algunas secuelas. Había salido con tres amigas a darlo todo y ¡vaya si lo había dado…! Con una botella de agua en mano, comprada en el expendedor de un bar, ambos entraron descalzos en la arena. El día era soleado, pero obviamente todavía no era caluroso. Alguna que otra nube opacaba muy de vez en cuando el sol, momento que la temperatura bajaba considerablemente. Si a eso le añadimos un viento que soplaba incesante desde el mar, la caminata no debería ser muy reconfortante, sin embargo… lo era. Carolina volvió con una cosa en mente, quería que Sergio se le sincerara como había hecho ella. No por nada en particular, ni por un cotilleo insano, ni por estar “en paz”, sino porque creía que el muchacho en verdad lo necesitaba. Decidida y quizá movida por una última porción del Ron barato consumido la noche del viernes y que quedaba en su cuerpo, se dispuso a indagar. —Hoy te toca sincerarte, Sergio. Este la miró ...