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Lo que deja la mitología
Fecha: 12/01/2024, Categorías: Incesto Autor: luisfa60, Fuente: CuentoRelatos
... ya se encontraba erecto, presionándolo al tiempo que daba pequeños movimientos circulares; su cuerpo comenzó a formar un arco, introduje dos dedos dentro de su vagina sin dejar de peregrinar con la lengua, escucho un gritito, tomó mi cabeza con sus diminutas pero fuertes manos empujándola como queriendo meterla dentro, los gemidos y los gritos se hicieron más fuertes hasta su cuerpo se puso totalmente rígido, acompañado de una catarata de líquido que inundo mi boca, sabroso líquido, acompasado con fuertes contracciones vaginales. Espere que se recupere unos minutos, acariciándola, pero sobre todo agradeciendo ese momento y los que vendrían, que serán inolvidables. Ya casi recuperada su respiración a un ritmo casi normal, me despoje del short que traía puesto, la posicione de espalda subiendo y cubriendo su piel con la mía, mi miembro comenzó a jugar en la húmeda vagina, dando pequeños golpecitos en el clítoris, esto hizo que comenzara a gemir en mi oído, elevando exponencialmente mi calentura, me detuve situando la punta del pene justo en la entrada de su exquisita cueva, no necesite ejercer presión, debido a la humedad reinante en esa cavidad, entro hasta el fondo, mis movimientos de meter y sacar eran por momentos suaves, por momentos más rápidos pero constantes, me acompañaban sus movimientos de cadera, arriba y abajo, en forma lateral y circular. Estaba por descargar mi líquido seminal, cuando, sin avisar me dijo casi ordenando, que me baje, quede pasmado, ...
... preguntándome que había ocurrido, de hecho me puse de lado, se incorporó y se puso de rodillas con las manos hacia adelante pidiéndome que siga, cosa que hice de inmediato, tomando el poco pelo que sobresalía de sus hombros, me deje llevar por un frenesí que nunca había experimentado, cada vez más fuerte, se escuchaba solamente el ruido de sus fluidos con el movimiento de mi falo, el choque de mi pelvis contra sus glúteos, sus gemidos y el sonido de las olas junto a la cálida brisa que acariciaba nuestros cuerpos, no tarde mucho en llenarla con mi esperma, que salía a chorros chocando contra el fondo de su vagina, seguí con los movimientos un rato más, en realidad hasta que empecé a perder dureza, sacando el miembro, mientras la luz de la luna me permitía ver como chorreaba ese líquido viscoso por sus hermosas piernas, dándose vuelta se sentó sobre ellas y como una contorsionista se acercó al responsable de haber inundado su vagina, lamiéndolo e introduciéndolo en su boca para dejarlo totalmente limpio. Terminado el acto de entrega que habíamos realizado, quedamos abrazados sin decir una palabra, solo nos besábamos, perdiendo la noción del tiempo, desnudos, nos levantamos y abrazado recorrimos esos metros que nos separaban del agua metiéndonos en ella, no creo haber sentido la baja temperatura que el océano tenía en ese momento, solo la libertad y la experiencia sublime que es estar sin ropa metido en él, algo nunca experimentado por mí. Hasta aquí, no podía creer que estaba ...