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Memorias de África (VII)
Fecha: 19/01/2024, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Carmen Van Der Does, Fuente: CuentoRelatos
... él. Cuando ya estaba excitado y su polla estaba de marrón brillante, me subió al montículo de hierba donde días atrás yo había azotado a Aifon. Me puse de rodillas apoyando las nalgas en los talones y flexioné los brazos hasta casi tocar el suelo con la cara. Tenía además las piernas juntas, de tal manera que, si Samsung quería follarme, tenía que hacer un esfuerzo por abrir mi coño con su polla. En lugar de penetrarme se entretuvo en acariciar los labios y la entrada de la vagina con el glande muy despacio, de abajo a arriba y de arriba a abajo, hasta conseguir mojarme y excitarme. En ese momento metió su enorme polla en mi ano, con fuerza. Me estaba sodomizando y su verga me había dilatado el ano. El dolor era agudo a medida que la iba metiendo y mi culo se iba adaptando a las medidas de su miembro. Cuando ya la tenía a medio meter, empujó con fuerza y no pude evitar gritar. Una vez que la tenía dentro, retrocedía hasta que los pliegues del glande llegaban de nuevo al agujero, y como si fuera un sumiller con una botella de buen vino, sacaba la cabeza de su polla de mí. Y de esa manera me penetró varias veces. Pero la sensación era más espantosa cuando intentaba sacarla que cuando me llenaba. Después de haberme desgarrado la primera vez, casi puedo decir que me sentía mejor con toda la polla dentro que cuando su glande llegaba a la entrada de mi ano, prefería tenerla dentro y manejarla lo mejor posible. En ...
... vez de estarme quieta y dejarle hacer, cuando notaba que su verga retrocedía para salir, con un movimiento de caderas acompañaba a su polla evitando que saliera lo máximo posible. Eché mi brazo hacia atrás y sujeté una de sus piernas para ralentizar sus bombeos y recé para que entendiera que lo que quería era moverme yo y que él lo hiciera más despacio. Conseguí que su glande llegara hasta la entrada del ano sin salir, y así lo distendí algo más. Justo al llegar ahí, yo retrocedía con un poco más de fuerza hasta sentir su polla por entera y el golpe de sus testículos en la boca de mi coño. En ese momento me estremecía de pies a cabeza, convulsionaba de placer y gritaba sin pudor. Y vuelta a empezar. Cuando el ano ya se hubo acomodado y la polla de Samsung ya no me producía un dolor agudo, el goce era mutuo. Los gritos de placer de Samsung parecían los de un animal y sus manos se aferraron a mis caderas como si quisiera evitar que me fuera de allí. Cuando se corrió lanzó un grito y yo le imité. Nuevamente su semen me inundó e hizo de lubricante, lo que agradecí porque Samsung era de esos hombres que acompañan sus orgasmos con embestidas. Noté con una claridad pasmosa el calor de su leche en mi culo, y como en la primera vez que follamos, nos tiramos al suelo y después de rodar, nos quedamos jadeando unos instantes. Su polla salió de mi estirándose como una goma y como yo, él quedó extenuado y jadeante a mi lado.